Surf en SD

Surf en SD
La vida está en el camino.

martes, 15 de marzo de 2016

La Furia


Contrólate. (Floyd - Galería de Arte Nacional 01/2016)


     <<¿Cómo te encuentras hoy, Edgar?>> La señora Miriam tiene una mirada bastante pesada. Sus malditos lentes de pasta gruesa no son capaces de contener la pesadez que irradia de sus ojos negros. Va despertando de a poco La Furia en mí. <<Bien>>. Ella toma nota. <<Es un gusto tenerte conmigo el día de hoy. Veo que te has rasurado el bigote>>. Sus labios gruesos están mal pintados, ya es habitual que su boca sea un desastre. <<Sí, fue una idea que se me metió en la cabeza>>. Ella toma nota de nuevo. <<¿Qué otra idea anda rondando por ahí? No nos hemos visto en semanas>>. Hoy tiene pelos que salen de sus fosas nasales, eso es nuevo. <<La de siempre>>. Ella por poco comienza a tomar nota de nuevo, no lo hace. Me está mirando. <<¿Cuál es esa?>>. <<Rosa Mary>>. Esa mirada siempre me pone nervioso. No me gusta estar con la señora Miriam.

     <<El Tiempo que te toma a ti, es el tiempo que me toma a mí>> Me dijo Rosa Mary con su voz en calma. Las sábanas estaban revueltas. Sus cabellos rizados lucían enmarañados. Los alrededores de su boca eran un juego de colores rojizos por la pintura de labios regada. <<Si pudieras verte la boca, pareces un payaso>> Me dijo antes de darme un beso veloz. Mi teléfono celular sonó. <<Disculpa>> Ella detestaba que contestara el teléfono después de hacer el amor. <<¿Qué más da?>> Se levantó de la cama. Se marchó molesta, supuse que había ido a la cocina a buscar un vaso de agua, habíamos sudado mucho, si yo tenía sed, ella también debía estar sedienta. Contesté la llamada sin prestar atención al nombre que se mostraba en la pantalla. <<Es hora de despertar…>>. Se trancaron mis pulmones, una fuerza sobrenatural los exprimía. Caí asfixiado sobre la cama. El sueño había llegado a su fin. 

     Las noches de insomnio eran recurrentes desde el accidente. Cuando el dormir llegaba, entonces había pesadillas. Edgar López fue encontrado más muerto que vivo dentro de lo que antes del choque era una camioneta Grand Cherokee 2000. El árbol que frenó a Edgar se mantuvo en pie. Los robles son difíciles de derribar. Los oficiales  y demás cuerpos de seguridad presentes en la terrible escena, especulaban acerca de los posibles motivos del accidente. <<El hombre ha de haber estado borracho ‘e bola>> Comentaba un gordo uniformado. <<No, ese hombre estaba sobrio>> Un sujeto elegante se fumaba un cigarrillo mientras compartía su opinión. <<Habrá tenido una emergencia, trató de ir más rápido de lo normal y se jodió. ¿Por qué siempre que alguien se vuelve mierda uno asume que estaba ebrio?>> Un joven paramédico se mostraba alterado. Los tres hombres se quedaron discutiendo, mientras el estropeado cuerpo de Edgar era trasladado al hospital más cercano.
    
     <<Todo el mundo pide deseos y se sienta a esperar… Todo el mundo malgasta su tiempo, Edgar. Ya estoy harta de esperar a que cambies, ya estoy hasta el cuello con tus pendejadas. ¿Acaso es tan difícil aceptar el hecho de no necesitas nada más para ser feliz?>> Rosa Mary estaba bastante molesta aquella tarde, creo que, de nuevo, estaba llevando las cosas demasiado lejos. Su paciencia ya no daba para más. <<Tú no me entiendes, Mary. Coño, ponte en mi lugar, no joda>>. La caída parecía definitiva, debía asegurarme de caer de cabeza para que el impacto terminara con el asunto para siempre. Un mal cálculo podía dejarme vivo y más jodido de lo que ya estaba. <<Si esto es lo que quieres, si ésta es tu manera de resolver las cosas, entonces hasta acá llego yo. Me rehúso a ser testigo de tu final. Me enferma ser espectadora de tu destrucción. Lo he hecho todo para apoyarte, Edgar. ¿Qué más quieres de mí?>>. No quería nada. El peso de mi cuerpo se trasladó a la parte izquierda, me sentí halado por la gravedad. La escuché gritar. El ruido se fue apagando. Sordo comprendí que el sueño había terminado.

     <<Te mereces algo mejor que yo, Rosa Mary. Eres un ángel>> Edgar caminaba de un lado al otro en la sala de estar de Rosa Mary. <<Vas a abrirle un hueco al piso – Mary lucía exhausta – Deja de caminar, por favor>> Lucía deprimida. <<Sabes que no puedo quedarme quieto cuando estoy nervioso>>. <<Lo sé…>> Las medicinas parecían no ser suficiente. Edgar estaba atravesando otro ataque de pánico. Se encontraba en una de esas temporadas del año en las que lo arropaba la frustración. El hombre estaba deprimido, otra vez. Ambos estaban perdidos de nuevo. <<Mi amor, no voy para ningún lado. Ya debes estar harta de mí. Soy un fracaso>>. Rosa Mary viró sus ojos en dirección del techo, parecía cada día más difícil amarlo. <<¿Qué quieres que haga, Edgar?>>. <<No sé, Rosy>>. <<¿Me voy?>> La sola mención de la pregunta hizo que Edgar dejara de caminar. <<Siempre te lo he dicho, el día que quieras partir, eres libre>>. <<¿Qué se supone que eso significa?>>. <<Que tu felicidad es lo más importante para mí>>. <<¿Y si tú eres mi felicidad?>>. Edgar no respondió, siguió caminando hasta el balcón y regresando hasta quedar al frente de Rosa Mary.

     <<Debes dejar que el pasado quede atrás, Edgar. ¿Qué ganas con traerlo de vuelta?>> Miriam, siempre Miriam. La odio. <<No gano nada>>. <<Algo debes ganar, mira, la vida es un negocio. Algo ganas y algo pierdes, estos recuerdos de Rosa Mary son recurrentes, eso me indica que alguna ganancia sacas. Bueno, puede ser que lo percibas como una ganancia, aunque no sea una>>. <<No gano nada>>. <<A veces no es fácil notar qué estás ganando>>. Todavía no acepto los sucesos del once de noviembre. Siempre intento engañar a Miriam, pero ella no me cree. Miriam es muy lista. <<Déjeme pensar qué es lo que podría estar ganando>>.

    
"Ya entra, vamos" Rosa Mary.
Todas las botellas que nos tomamos estaban regadas por el suelo de la habitación de aquel hotel barato. Las putas gemían en las habitaciones contiguas. Era excitante. <<¿Y bien?>> Rosa Mary se fumaba un cigarrillo. Era surreal. Ella estaba tendida sobre la cama. <<Todo está bien. Hoy todo está bien>>. <<Lo sé. Te amo cuando todo está bien>>. ¡No, no, no! ¡Por el culo no! Se escuchaba en una habitación vecina. <<Ojalá hubiésemos ido a otro lugar>> Le comenté, daba un par de sorbos a la última botella de whisky que nos quedaba. <<No importa el lugar mientras estemos tú y yo>>. Su cigarro se terminaba, casi se estaba fumando la cola. <<Solo me gustaría poder darte más>>. <<No comiences y ven a la cama>> Rosa Mary arrojó la colilla al suelo. Lejos de las sábanas. <<Voy>> Coloqué la botella sobre la mesa. La quinta erección dolía un poco. Estaba hinchado. Rosa Mary abrió las piernas para tentarme. <<El quinto siempre es más rico>> Dijo. Llegué al borde de la cama, gateé hasta que mi boca comenzó su camino en donde nacían sus muslos. <<Pásame la lengua, vamos>>. Así lo hice. Mi lengua recorrió su cuerpo sudado hasta llegar a su cuello. <<Eres mi diosa>>. <<Sí, solo tuya. Ya entra, vamos>>. Un sonido violento provino de la puerta, la habían derribado. <<Entra, vamos. Ya va a terminar>> Ella lo pedía ansiosa. Una sombra se acercó por detrás de mí, cuando estuve por entrar, sentí que me arrastraron por las piernas. <<No me dejes así, Edgar>> Me dijo molesta. Yo no podía hablar. No me podía mover. Ya cuando me arrastraban por el pasillo, una prostituta me habló. <<Fue algo precoz>> Dijo. El sueño terminó.

     El teléfono celular sonó, desesperado, Edgar lo buscó en uno de los bolsillos de su pantalón con una mano. Con la otra sostenía el volante de la camioneta. Era el tono predeterminado para Rosa Mary. <<¡Aló!>> Exclamó angustiado. <<No grites… Siempre gritas por teléfono>> Era ella, su voz inspiraba calma. <<Perdón>> Moderó el tono de su voz. <<¿De verdad te vas?>> Ella había estado llorando, era difícil percibirlo, pero él podía hacerlo. <<En eso quedamos, mi amor. Es lo mejor para ti. Amarme es muy difícil>>. <<Sí, estoy agotada. Te he llorado, te he sufrido. Edgar, ¿Por qué no puedes cambiar? Nada te basta…>>. <<Tú eres más de lo que merezco, tú me bastas…>>. <<Vuelve, vuelve por mí>>. En una maniobra arriesgada, la camioneta de Edgar se coleó y pasó de ir al norte, para ahora dirigirse al sur. Las marcas de los cauchos quedaron sobre el carretera. El ruido espantó a las lechuzas. El celular salió volando y golpeó el techo. <<¡Voy!>> Gritó. El celular aterrizó en el asiento trasero.

      Pensar no es algo que esté disfrutando en este preciso momento. Me enfurece tratar de responder preguntas que no se supone deba responder. No gano nada, más bien pierdo al quedar estancado en ella. El once de noviembre vive en mí. <<Entonces, Edgar, ¿Qué ganas trayendo al pasado de vuelta?>> Miriam insiste. La Furia está allí, su mirada la despierta, mis venas se infectan con la rabia del recuerdo. <<Me da compañía>> Digo al fin, lo único que siento. <<Claro… La soledad. No le temas a la soledad>>. <<No le temo, no le tengo miedo a nada, Miriam>>. <<Yo entiendo que no es fácil, sin embargo estamos haciendo un trabajo y te aseguro que volverás a estar bien>>. No le gusta que me dirija a ella así, odia que pronuncie su nombre. Pero la odio más a ella. <<¿Cuándo voy a estar bien? Ya me siento bien>>. <<Todo en su debido momento>> Dice ella mientras toma notas que no puedo leer.


"Lo que hice... Yo no sé. La Furia tomó el control" Edgar López.

     <<Entonces el acusado se declara inocente, eso es una locura>> El estado se rehusaba a creer la historia. El Doctor Gutiérrez daba su declaración <<...Todas las lesiones encontradas en el cuerpo de la víctima fueron hechas mientras ésta yacía sin vida...>> El buen Doctor Gutiérrez. <<¿Cómo puede saberlo?>>. <<Mi experiencia profesional así lo indica>>. <<¿Con qué fin el acusado podría haber hecho lo que hizo?>> El estado siempre buscando encontrar hasta lo que no deben encontrar, ahora interrogaban al Doctor Marcano. <<Mi paciente sucumbió ante un estado mental incontrolable, no era él mismo, podrían preguntarle, pero ni él podrá responderles>>. <<¿Por qué?>>. <<Porque les aseguro que no sabe qué fue exactamente lo que pasó aquella tarde>>. No importó de nada lo que Edgar dijera, ni su llanto honesto. Su condición, la locura a la que él llamaba "La Furia", lo condenó de por vida.

     La niña Rosa Mary jugaba a saltar la cuerda. Ella y sus amiguitas reían felices. Cinco árboles de cerezos rodeaban el patio. <<Cincuenta, cincuenta y uno. Cincuenta y dos>> Susanita era la encargada de contar. <<Miren quien llegó…>> Ramona, la negra Ramona, ella me odiaba. <<Cincuenta y cinco… - Rosa Mary tropezó - ¡Ay! Solo cincuenta y cinco, Rosita. Ese niño te empavó>> Susanita negaba con la cabeza. <<¿Qué haces aquí, Edgar?>> Ramona le entregó a Rosa Mary el extremo de la cuerda que sostenía. <<Vine a jugar>>. <<No vas a jugar>> Respondió altanera como siempre. <<Tú eres pavoso>> Comentaba Susanita. Rosa Mary caminó hacia mí. <<No te juntes con él Rosy>> Ramona daba sus órdenes habituales. La niña Rosa Mary tomó mi mano y caminamos lejos. Las hojas rosadas revoloteaban a nuestro alrededor. El aroma floral era placentero. Sus manos eran suaves. <<Algún día vamos a ser mejores amigos, Egui. No importa si para los demás eso no está bien>> Su voz era dulce. El viento arreció. Nos elevó de tal manera que ya no tocábamos el suelo. Nos soltamos de las manos. <<¿Algún día?>> Le pregunté. <<Es hora de despertar>>. Me dijo antes de ser arrastrada por el viento. La vi perderse a la distancia. El sueño terminó.

     <<Debemos dejarlo hasta acá, Edgar>> No parecía ser ella misma. Rosa Mary tenía la mirada perdida. <<¿Qué pasó?>>. <<Ya no puedo seguir, nada de lo que hago es suficiente. Duele amarte, me quema. Ya no puedo, Edgar>> Rosa Mary se fumaba un cigarrillo, ella nunca fumaba. No le gustaba fumar. <<Tu felicidad debe ser lo más importante para ti>>. <<Sí>>. <<¿Tu felicidad no era yo?>>. <<Sí, y allí estuvo el problema. ¿Cuántos años van ya?>>. <<Toda  una vida>>. <<Será mejor así entonces. Será el inicio de una nueva vida>> Rosa Mary tomó su bolso y abandonó el restaurante. <<¿Qué harás ahora?>> Edgar le preguntó al vacío que ella dejó. No hubo respuesta.

     La adolescencia fue la época más bonita. Rosa Mary floreció y pasó de ser la niña más bella del mundo a la mujer más bella del mundo. El campo estaba localizado en el horizonte, no había nada al norte, tampoco al oeste. Solo flores amarillas, girasoles enormes. No había brisa. La luz descendía del cielo provocando un efecto de calidez inigualable. <<Vamos, Egui. Ya quiero ver cómo estoy quedando>> Sostenía un pincel, estaba pintando su retrato. <<Bella, hermosa. Estás quedando de la única manera que puedes quedar>>. Contaba con la infinidad de colores requeridos para darle a ella el más bonito de todos los cuadros. <<Se acaba el tiempo, Egui>>. Se nubló el cielo. <<No, no se acaba, es solo que nunca es suficiente>> Continuaba inspirado. <<Se acaba el tiempo>> Ella comenzó a desaparecer. Su retrato se convertía en algo similar a un conjunto de líneas abstractas.  <<Se acabó>>. Sus labios fueron lo último que vi, sobre el lienzo se transformaron en dos líneas curvas rojas, que poco a poco se volvieron dos rectas paralelas. El sueño terminó.

     <<Tú sabes que no estoy bien, Edgar. Coño no eres el único con peos>> Rosa Mary y Edgar caminaban por el parque. Acababan de visitar al Doctor Marcano. <<Siempre que tomemos las píldoras todo estará en orden, mi amor>>. <<¿Por cuánto tiempo, Edgar? Siempre es lo mismo, caes en un hueco tres veces por año desde hace años. Así no puedo. Yo también estoy mal>>. Edgar le apretó la mano. <<Siempre que estemos juntos vamos a estar bien>>. <<Te amo>> Le respondió Rosa Mary.

"...Se suponía que no debería estar acá. Yo debería estar muerto" Edgar.
      Estoy cansado de esperar por mi momento. Siempre es mi momento y Miriam no lo entiende. Si yo sobreviví al once de noviembre, a dos onces de noviembre… A cuatro onces de noviembre. No merezco estar acá, se suponía que no debería estar acá. Yo debería estar muerto. <<¿En qué estás pensando>>. <<En nada>>. <<Vamos, Edgar. Tenemos confianza, estoy aquí para ayudarte>> Ella me mira con rabia. Se me tensan los músculos. No quiero estar acá. <<No quiero estar aquí, Miriam>>. Ella me mira con desprecio, la he vuelto a llamar por su nombre. <<¿Quieres volver a tu habitación?>>. <<¿A mi celda?>>. <<No es una celda, Edgar>>. <<Es una jaula de paredes acolchadas, Miriam>> Siento La Furia en mi transpiración. Voy a explotar.

      La sangre estaba sobre sus ropas, pintaba también su rostro por la constante acción de pasarse las manos por él. La angustia le mantenía el pie derecho fijo sobre el acelerador. La velocidad aumentaba, la agujita anaranjada vibraba rozando por momentos el tope. Chillaba la camioneta. Las lágrimas de Edgar se fusionaban con la sangre que pintaba su cara. El llanto desconsolado y los gritos de locura se escuchaban por toda la solitaria carretera. <<¡No te vayas hasta que mis ojos dejen de mirarte!>> Era La Furia. Controlar la camioneta era muy difícil. Edgar no se esperaba esa curva cerrada. <<¡No te vayas Rosa Mary!>>. Giró el volante sin miedo. La curva la dio bien, eso creyó hasta que se salió del camino y se estrelló de frente contra un roble. Las luces lo marearon hasta que una temible oscuridad le abrazó los pensamientos. Edgar se sintió muerto.

     <<El día llegará, Edgar. Será el día más bonito de tu vida, mi amor>> Rosa Mary y yo estábamos sentados en una rama muy alta. Era un robusto árbol de mango. <<¿Cuál día?>> Yo la miraba con ojos de amor, su cabello enmarañado se movía poco a pesar de la fuerte brisa. <<El día en el que todo termine>>. <<Yo no quiero que termine>>. <<Pues, el día llegó>> Rosa Mary saltó. <<¡Rosa!>> Quise saltar, pero no pude acompañarla, mis nalgas estaban adheridas al árbol. Miles de risas me atormentaron. <<¡Rosa!>>. Sentí que no la volvería a ver. Entonces el sueño terminó.

     <<¿Qué día es hoy, Miriam?>> Me cuesta respirar, el pánico me tiene de presa otra vez. <<Eso no es relevante, Edgar. Vamos a relajarnos juntos. ¿Quieres?>>. <<No>>. <<Cierra los ojos, vamos a estar bien>> Miriam ya no me va a poder controlar, yo no me voy a poder controlar. Cuando La Furia me apresa yo muero y vuelvo a nacer. <<No>>. <<Deja que las respiraciones profundas te regeneren, inhala por la nariz, llena esos pulmones>>. <<Te he dicho que no>>. <<Exhala por la nariz, fuerte>>. <<¿Qué día es hoy? Huele a ella>>. Miriam toma nota rápidamente. Tiene miedo, el diámetro de sus pupilas es más grande del habitual. Le tiemblan sus arrugadas facciones. <<Bueno, Edgar. Yo creo que volveremos a vernos pronto>> Se despide. <<No te vayas sin decirme qué día es hoy. Puedo olerla>>. Ella se levanta de su silla, tira su libreta y su bolígrafo en su bolso. Se le ve aterrada. <<¡Alberto! ¡Por favor abre la puerta!>> Ya está pidiendo apoyo. <<No te vayas hasta que mis ojos hayan dejado de mirarte, Miriam>> Me mira fijamente, toda su prepotencia la ha abandonado. Ahora La Furia está en mí como aquella tarde noche en la que morí. <<¡Alberto! ¡Abre, Alberto!>>. <<No te vayas>> Me levanto. La asecho. Odio a Miriam. Odio este maldito lugar. Odio estar vivo. <<¡Alberto!>> La puerta se abre, ingresa Alberto acompañado de Julián, el maldito Julián. <<Feliz once de noviembre, Loco>> Me saluda. Reviento. Veo  la vara eléctrica acercarse, ya no veo nada. El piso de concreto amortigua mi caída. <<Feliz once de noviembre>> Los escucho reírse. Ya no estoy consciente.

     <<¡Llegué, Rosa Mary! ¡Abre la puerta!>> Edgar gritaba desesperado desde el pasillo. Se escuchaba un leve sonido de guitarra, Rosa debía haber puesto de nuevo el CD de guitarra instrumental a reproducir. No era bueno. Nunca era bueno que ella escuchara ese CD. <<¡Rosa Mary!>> Edgar entró en desesperación, se tensaron los músculos de sus brazos. Se brotaron las venas que recorrían su cuello. La Furia se hacía más fuerte. Dio dos patadas a la puerta y ésta se abrió de golpe. Rosa Mary estaba tendida sobre el suelo de la sala. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa de despedida. <<¡No, Rosa! ¡No!>> Edgar corrió en dirección del cuerpo. Rosa abrió los ojos. <<Viniste…>> Casi no se le escuchaba la voz. <<Sí, claro que vine. ¿Qué hiciste?>> Edgar se arrodilló a un lado del cuerpo. <<Nada, disfrutando del día más bonito. Lo poco que brilla, brilla con intensidad>> Un frasco vacío rodeado de píldoras estaba tirado a poco más de dos metros de ella. <<¿Qué?>>. <<No te vayas hasta que mis ojos dejen de mirarte, Egui>> Rosa Mary había sucumbido ante la depresión. <<Rosita, no… ¿Qué te hice?>>. <<Nada, mi amor. Tu problema es contigo mismo y mi problema es conmigo misma. Hoy termina>> Ya había ocurrido antes que Rosa Mary intentara el suicidio, había fallado dos veces. <<Vamos al médico>> Edgar intentó levantarla, lo consiguió. Sin embargo, los ojos de Rosa Mary habían dejado de mirarlo. <<No te vayas, Rosa Mary. No te vayas. No te vayas>> Se había ido. La Furia se soltó. Fue la primera vez que la sintió tomar el control por completo. Fue como si una sombra oscura inundara su corazón. Como si exprimieran sus pulmones. Como si ya no fuera él mismo mismo. Una voz gruesa le hablaba dentro de su cabeza. Tomó un lapicero que encontró en la mesa de la sala y apuñaló el cuerpo de Rosa Mary. La sangre salpicó por todo el lugar, abrió diecisiete huecos en su abdomen y seis más haciendo un camino de agujeros que concluyeron con la puñalada veintitrés que asestó en el cuello de su amada. Se escuchaba gemir de dolor a Edgar. Se le escuchaba maldecir. Se levantó cuando La Furia se lo permitió. Sus ropas estaban manchadas, se palpó el rostro. Miró el enorme calendario colocado sobre la mesa del computador, era once de noviembre. Salió corriendo en busca de su camioneta. De a poco venían todos los recuerdos, todos los tormentos. Volvía a ser él mismo, y se perdía otra vez. Como pudo arrancó tratando de huir de la escena.

     He despertado en mi prisión. La jaula acolchada que me retiene en contra de mi voluntad.  La Furia ya no está, se ha ido, así como se fue Rosa Mary. ¿En dónde está, Rosa Mary? Ya no está aquí. Ya no estoy aquí. ¿Quién soy? Creo que no soy nada desde que se marchó sin mí. Nada tiene sentido. Me trajeron de vuelta desde el fin de mi mundo, allí es donde debía permanecer. Sigo sobreviviendo a cada nuevo once de noviembre. Seguiré sobreviviendo hasta que los días terminen y las noches me bañen en una oscuridad perpetua. La misma oscuridad de la que me trajeron de vuelta tras el accidente. Siendo honesto, yo no quería volver. 



L.F. Arias.


martes, 8 de marzo de 2016

Marzo: Lectora del mes

Este mes decidí contactar a Vanessa Terán, lectora del Blog desde hace varios años, durante los cuales hemos intercambiado muchas opiniones, risas y experiencias. Ha sido un gusto conocerla y es un placer anunciarla como lectora destacada de marzo (2016).

¡Gracias por dedicar parte de tu vida para leer a este joven soñador!

Veamos cómo respondió a algunas de mis preguntas:

¿Quién eres?

"Soy alguien de 145 centímetros que se exige todos los días"
"Mi nombre es Vanessa,  soy de mente compleja, suelo ser alguien muy inconforme, trato de dar lo mejor en mis propósitos (tengo muchos). A veces, quiero correr dentro mis metas y quisiera hacer todo al mismo tiempo, honestamente tengo mal carácter. Soy incondicional a las personas que aprecio, no me defino ante las personas diciéndoles  soy esto, esto y esto, prefiero que a través de mis actos lo vean, sin perder mi esencia".

La Frase:

"Soy alguien de 145 cm que se exige todos los días, alguien que demuestra a diario que una dificultad puede ser una herramienta".

¿A qué te dedicas?

"Al arte de la Enfermería. Dedicación, vocación, honor, compromiso".

¿Desde cuándo lees el Blog?

"Llevo leyéndote desde hace un par de años. Desde 2011".

¿Cuál ha sido tu entrada favorita?

"Es difícil decidirme por una sola, ya que cada año y cada entrada son experiencias distintas al leerlas, porque no eres el mismo escritor del 2011 que el de 2016, es decir, ha cambiado la forma en que muestras tus pensamientos y los plasmas en letras. Mis favoritas son  ‘El ocaso de los 29’ (2012) y ‘Perdido en la sabana’ (2015)". 

¿Cuál es tu lugar favorito en el mundo?

"Mi lugar favorito es ‘Verde y amplio’ me gustan muchos lugares con espacios grandes y llenos de grama verde esmeralda y rosas arcoíris". 

¿Cómo definirías al "tiempo"?

"Inexistente".  

¿En dónde está la vida?

"Lo primero que viene a mi mente es que está en nosotros mismos, en los humanos y seres vivos.  Sin embargo, podemos estar vivos solamente en el sentido fisiológico.  Pienso que sentir que hay vida, que estamos en ella, es darte el tiempo necesario para conocerte en cada arquetipo, emplear y hallar las herramientas que te ayuden a lograr aquellas cosas que te propongas.  Aunado a que hay vida entre las personas que te aprecian". 

Para cerrar, una pregunta que me encanta hacerle a las personas que están más cerca de mí: Si la vida fuese de un color, ¿de qué color sería?

"Un color degradado, escala de grises, viéndolo desde mi punto racional".



"Cada perspectiva es un heptágono". Vanessa Terán (2016).







sábado, 20 de febrero de 2016

Talking to the moon (Hablándole a la luna)

     Hoy, como cada noche desde que supe que se iba, miro al cielo buscando aviones. Pienso en si ella viaja en uno de ellos por allá en Europa. Anhelo el reencuentro. A veces, me sumerjo en las lucecitas que parpadean y se mueven cruzando el velo oscuro que es el cielo. Sucede entonces que los momentos aleatorios me empapan. Sucede que la imposibilidad de hacer algo más que extrañarla hace que crezca el profundo vacío que se ha formado en mi pecho. Tan solo quiero leerla. ¿Estará bien Eugenia? ¿Alguien habrá vuelto a mirarla como yo la miraba? ¿Pasará esta tormenta? Otra vez no hay nuevos correos en mi bandeja de entrada. Todavía no, igual en España será la hora de dormir. Igual ella solo respondió uno de mis mensajes antes, perderse está en su naturaleza, supongo.


     La caminata nocturna por Los Palos Grandes fue estimulante, era otra noche normal. Solitaria. La idea de un cigarrillo y una cerveza rondaban por mi cabeza ociosa. ¿Qué me detenía? Nada me detenía. No desde que ella partió. Eugenia esperaba a que pusieran el agua en su casa, el tema del racionamiento de agua nos tenía a todos los Caraqueños como locos. <<Estaré lista a eso de un cuarto para las ocho. Ponen el agua y eso, me baño y nos vamos. No te apures en venir, Gabriel>>. Como si alguna vez le hiciera caso a las referencias temporales de Eugenia, ella nunca llegaba a tiempo. Nunca, bueno, a veces durante el sexo llegaba primero. Varias veces.

     Federico manejaba a unos ochenta kilómetros por hora. Íbamos relajados. Carolina ocupaba el asiento de copiloto, se lo cedí porque Eugenia viajaba conmigo en el asiento trasero. Siempre me ha causado curiosidad de dónde saca Federico esa capacidad sobrehumana para manejar sin haber dormido ni un minuto la noche anterior. Asumo que es un superpoder típico del joven venezolano, no sé si de todos los jóvenes a nivel mundial porque nunca he salido de acá. Sonaba una canción de Bruno Mars en la radio. Locked out of heaven: Never had much faith in love or miracles (nunca tuve demasiada fe en el amor o en los Milagros) / Never wanna put my heart on deny (nunca quise poner mi corazón en negación) / But swimming in your world is something spiritual (pero nadar en tu mundo es algo espiritual) / I’m born again everytime you spend the night (nazco de nuevo cada vez que te quedas por la noche). <<Esa canción me encanta>> Decía Carolina con un sonrisa. <<A todas nos gusta Bruno Mars>> Añadía Eugenia. <<Por favor, ¿Qué tiene Bruno Mars que no tenga yo, mi amor?>> Federico balbuceaba, el hombre estaba manejando por inercia. <<Nada mi amor, ustedes son igualitos>> Carolina sonreía feliz. Era cierto, Federico era el clon de Bruno Mars.

     Los platos y las copas ya formaban una montaña en el lavaplatos de la cocina de Eugenia. Desde que su mamá abandonó el país, Eugenia se había hecho cargo de la casa; de allí a que siempre el desorden fuese una característica del apartamento. Resulta imposible pensar en su casa sin recordar las pilas de ropa sucia en el baño, los trastes regados por la cocina y las telarañas en las esquinas del techo. La música sonaba de fondo, le habíamos bajado el volumen. <<Me has sorprendido, Gabriel. No pensé que pasarse el rato contigo fuese tan cool>> Me decía Eugenia en un instante en el que dejamos de besarnos. Sus besos sabían a vino. Sus besos eran cálidos. <<Yo te dije que la pasaríamos bien. No hace falta esforzarse para pasarla bien>>. <<Dinero tampoco, eso me encanta, todo ha sido sencillo>>. Ella sonrió cuando se percató de que la voz de Bruno Mars salía de las cornetas. Ella tenía muchas canciones de él en su iPod. She is so beautiful, and I tell her everyday (Ella es muy hermosa, y se lo digo todos los días) / I know, I know when I compliment her she won’t believe me (Yo sé, yo sé que cuando le dé un cumplido ella no me creerá) / And it’s so, it’s so sad to think that she doesn’t see what I see (y es, y es muy triste saber que ella no ve lo que yo veo). <<¿Te gusta Bruno Mars? Siempre lo escuchamos para fastidiar a Fede, pero no sé si de verdad te gusta>> me preguntó de manera dulce, sin duda embriagada por el vino y los besos. <<No – me tuve que cagar de la risa – no me gustan los hombres>>. <<¡Ay! ¡Tan gracioso el nene! – ella se alejó para reírse – eres un bobo>>. <<No más de lo normal>>.

     Con cerveza en mano y un cigarro entre los labios me recosté de una pared cercana al edificio en el que vivía Eugenia. Pensaba en tantas cosas. Tiempos pasados que se arremolinaban alrededor de mi espera ansiosa, no había visto a Eugenia desde el final. El final había sido hacía más de un año. Un hombre viejo se me acercó. Se acercó bastante. <<¿Me regalas un cigarrito, mijo>> El hombre no tenía dientes. Era un viejo hermoso. Sus ropas le quedaban holgadas y estaba despeinado. <<Le voy a dar uno, pero solo si me regala cinco minutos de conversación>>. <<Te regalo diez, mijo. Los que quieras>>. Los dos nos reímos. <<¿Cómo estuvo su día, señor>> Comencé, conversar con desconocidos siempre me ha apasionado. <<Estuvo bueno mi día, mijo. El tiempo pasa y ya, esa es la cuestión cuando uno está viejo>>. <<Me imagino, pero por lo menos fue un buen día – miré hacia el cielo - ¿Sabe qué no me gusta de Caracas?>>. <<¿Qué, mijo?>>. <<Que no se ven bien las estrellas>>. <<Eso no es culpa de Caracas. Es culpa de los gringos. Alguien debe acabar con los gringos, mijo. ¿Te gustaría encargarte de esa misión?>>.

     El árbitro dio los tres pitazos finales. Los jugadores virtuales celebraron y se lamentaron dependiendo de si pertenecían al equipo ganador o al perdedor. Federico acaba de darme otra épica paliza en el FIFA 16. El humo del cigarro empañaba la sala de su casa tal cual y fuera niebla. <<Tantos años jugando y todavía no tienes vida>> Me comentó mi amigo. <<Claro, tú eres el dueño del Play, yo soy el visitante siempre>>. <<Excusas, excusas>>. Nos habíamos bajado dos botellas de ron barato. Hay algo con el ron barato que siempre nos hizo comprarlo, iba más allá del precio, lo juro. <<¿Te acuerdas de cuando las muchachas nos hacían barra?>> Me preguntó nostálgico. <<Por supuesto, fue una buena época>>. <<A veces la extraño. Nunca lo digo, pues>> Federico se levantó del sofá para dirigirse a la cocina y abrir la tercera botella de ron Carta Roja. <<Te las das de macho, pero yo sé que amabas a Carolina>>. Mi amigo sonreía, su sonrisa estaba torcida. <<No sé si la amé, pero si la quise mucho>>. <<Yo pensé que se iban a casar  y todo, fuera de paja>>. <<Alguna vez lo pensé – ya había sobrepasado la mitad del vaso sirviendo ron - ¿Te acuerdas de los anillos que te mostré? Los que tenían las gemas de Zelda>> Llenó tres cuartos del vaso con ron, se detuvo y añadió Coca-cola. <<Sí, los de gemas azules>>. <<Mandé a hacer uno con cuarzo azul, quedó bellísimo>>. <<¿De pana? ¿Dónde lo tienes?>>. <<Se quedó en mi gaveta, nunca tuve las bolas para dárselo>> Añadió limón al trago. <<Pero tú la dejaste, ¿por qué?>>. <<Nos estábamos haciendo daño, Gabriel – comenzó a servir un segundo trago – ya no sabía en dónde terminaba yo y empezaba ella, nos encerramos en nosotros mismos y eso nos iba a joder más adelante>>. <<Bueno, ahora no lo sabremos>>. <<A ella se le ve bien>>. <<Búscala>>. <<No>>. <<¿Por qué?>>. Él sonrió, su trago era de ron puro. <<Ya está con alguien más>>.

     ‘Cause you make me feel like (porque tú me haces sentir como) / I’ve been locked out of heaven (si hubiese quedado fuera del cielo) / for too long (por demasiado tiempo) / for too long (por demasiado tiempo). <<Esa canción>> Me dijo Eugenia en voz voz baja. <<Sí>>. <<Tú me haces sentir así>>. Seguíamos rodando por la autopista. Bruno Mars en la radio. Los momentos aleatorios son los más bonitos, son casuales. Los momentos aleatorios son los que yo no olvido. No puedo. <<Tú a mí también>>. <<¿Será así por siempre?>> Me tomó de la mano. <<Eso es pero>>. Me recuerdo mirándola. <<Nunca me habían mirado así antes>> Me dijo. Siempre lo decía.

     <<No seas un cagueta, hijo mío. Acepta la misión – continuaba el viejo – los gringos son una basurita, no tienen población suficiente. Mira, quítales a los asiáticos y a los latinos que viven ahí, bien, quedarán como dos millones de gringos. ¿Cuántos habitantes tienen los chinos? ¿Cuántos los rusos? Hijo, los gringos están acabando el mundo y no representan ni una octava parte del mismo, nada. No son nada. ¿No te gustaría ser el héroe que los elimine de la faz de la tierra en nombre del bien común?>>. La manera de expresarse del señor sin dientes era realmente sorprendente, su boca se movía sin parar despotricando en contra de los estadounidenses. Si soy honesto, me perdía a mitad de su discurso por estar pensando en Eugenia y en cómo nunca en su vida podía ser puntual. <<¿Cuál es su nombre?>> Le pregunté después de exhalar un poco de humo. <<Ignacio, ¿y el tuyo, hijo de mi vida?>>. <<Yo soy Gabriel>>. <<Como Juan Gabriel. ¿Te gustan los Boleros?>>. <<No>>. <<No tienes buen gusto musical – hizo una breve pausa, se palpó el bolsillo de su camisa – Por lo menos no te llamas Floyd, yo hace tiempo conocí un Floyd. Debe haber sido tataranieto del gringo maldito que inventó la bomba atómica. Yo le dije que no quería tener nada que ver con la bomba atómica y él solo se rió, ¿Puedes creerlo? Floyd tenía que ser>>.

     <<Claro que me gusta Bruno Mars, el tipo tiene un don para decir las cosas con sencillez>> Ambos nos reíamos. Era natural estar con Eugenia, como si nuestros mundos hubiesen estado destinados a encontrarse alguna vez. When I see your face (Cuando veo tu rostro) / there’s not a thing that I would change (no hay cosa alguna que le cambiaría) / ‘cause you are amazing (porque eres increíble) / Just the way you are (de la manera que eres). <<No sé porqué no salí contigo antes. Bueno sí sé>>. << A ver… ¿Qué motivó que nos perdiéramos de esto?>>. <<Es que eres un amigo de Federico, y él es novio de Carolina. No sé, sentí que nos estaban cuadrando o algo. Yo no suelo salir así con chamos que me presentan; siento que son personas impuestas>>. <<¿Qué te hizo cambiar de opinión?>>. <<Estando contigo me sentía a gusto, finalmente me dije que debía darte un chance>>. <<Me alegra que hayas pensado eso>>. Hubo un momento de silencio, solo se escuchaba la voz de Bruno Mars: Oh you know, you know, you know (oh tú sabes, sabes, sabes) / I’d never ask you to change (yo nunca te pediría que cambies) / if perfect is what you are searching for (si es la perfección lo que estás buscando) / then just stay the same (entonces quédate igual) /so don’t even bother asking if you look okay (así que no te preocupes en preguntarme si te ves bien) / you know I’ll say (ya sabes que yo diré). <<Mira esos ojitos, eres increíble. Me encantas>> Ella interrumpió la canción. <<Tú a mí>> Respondí sin pensarlo. Fue breve, pero se sintió como un "te amo" esa simple respuesta de tres palabras. La amaba sin decírselo.

Ella se veía bella cuando hacía maldades.

     Manejaba el carrito chocón número diecisiete, era blanco y el número estaba pintado de rosado. Creo, a manera bastante personal, que pudieron haber escogido mejor los colores. Estaba perdido en los chispazos que producía el roce de la vara que conectaba mi carrito a la malla metálica del techo de la pista. Primer choque. La cabeza se agitó de un lado al otro. <<Ponte pilas, Gabo>> Eugenia se veía bella cuando hacía maldades. <<¡Voy a por ti, Geni!>>. <<Si me alcanzas>>. Giré el volante de un lado al otro, pisé a fondo el acelerador y entonces ocurrió el segundo choque. Mi cabeza fue zarandeada hacia adelante, por poco golpeo la frente contra el volante de plástico. <<Estás aguevoniao’>> Gritaba Federico mientras se alejaba. La vida me daba vueltas, nos sentíamos bien. Yo tenía muchos años sin visitar el Parque Italo-Americano. Tercer choque. Cuarto choque. Quinto choque. Fueron nueve choques hasta que cortaron la corriente del juego y se terminó el tortuoso paseo. <<No vale, Gabriel. No chocaste a nadie>> Carolina bromeaba. <<Mi Gabo no sabe manejar>> Comentaba Eugenia. <<Claro que sabe, mi pana Gabriel maneja tan bien que no sabe chocar a los demás>>. <<Todos me resultan bastante graciosos – estaba un poco molesto, tengo que admitirlo - ¿Ahora adónde vamos?>>. <<¡Al barco pirata!>> Carolina se apresuró en responder.

     El caminar torpe de Federico lo trajo de vuelta desde su habitación a la sala de estar, traía una cajita de madera en su mano derecha, el trago de ron puro lo sostenía con la izquierda. <<No, chamo. ¿Para qué trajiste eso?>> Le comenté a manera de queja, era una tortura seguir hablando de Eugenia y de Carolina. <<Debo deshacerme de este anillo, te lo juro. La cuestión es que no puedo>> Caminó hasta dejarse caer en el sofá. Se le derramó un poco de ron sobre sus pantalones.  <<Caro se fue, Eugenia también. Lo mejor es seguir adelante, hermano>> Lo dije, pero no lo sentía, no dejaba ir a Eugenia. <<¿Tú crees que no he tratado?>>. Federico sacó el aro dorado, que estaba decorado con pequeños trozos de cuarzo azul en su parte superior, de la caja de madera; después tiró la caja sobre la mesa de la sala. <<Es muy lindo… Hermoso>> Dijo contemplando el anillo que, aun en su ausencia, pertenecía a Carolina. <<Sí, es muy bonito>>. <<Yo sé que me volveré a enamorar, pero ya más nunca será igual. Carolina siempre será otra vaina más arrecha>>. <<Ya veremos, mi pana. Deja que la vida siga adelante>> También dije eso, pero la vida para mí seguía igual, extrañando a una mujer que no me había respondido un único mensaje desde su partida.

     El barco pirata se bamboleaba a ritmo constante. El cabello castaño de Eugenia me golpeaba la cara, por alguna razón desconocida, ella movía la cabeza hacia los lados cuando el barco caía en picada. Carolina gritaba con euforia. Federico estaba mudo, apretaba el seguro con sus manos, parecía que sus ojos se le iban a salir de las cuencas. Disfruté bastante durante esos tres minutos.

     <<Señor Ignacio, ¿Frecuenta usted esta calle? Nunca lo había visto antes por acá>> Le pregunté al viejito sin dientes. <<Siempre, lo único que no es constante es la hora en la que doy mis caminatas>>. <<¿No se va a fumar el cigarro que le di?>>. <<¡No, mijo! ¡Los cigarros están muy caros! Este que me has regalado me lo fumaré luego…>>. Miré mi reloj con ansias. Como siempre Eugenia  no cumplía con la hora estimada. <<Ya se han escapado los minutos, hijo. Te ves angustiado. La vida es muy bonita como para estar angustiado, ¿Qué te preocupa?>>. Me sorprendió. No me esperaba que Ignacio hiciera alguna pregunta. <<Nada>>. <<No hay agua aquí, mijo>>. <<¿Ah?>>. <<Bueno me has pedido que nade. Sin embargo, acá no hay agua, no puedo nadar>> Ignacio se echó a reír.

     El carro de Federico tenía asientos muy cómodos. Can I just stay here? (¿Puedo simplemente quedarme aquí?) / spend the rest of my days here? (¿pasarme el resto de mis días aquí?) / oh, yeah, yeah, yeah (oh, sí, sí, sí). El cielo del amanecer nos regalaba colores de amor. El naranja, el azul celeste y su fusión son para mí colores de amor. También son colores de despedida y de bienvenida. Los colores, a veces, son muchas cosas al mismo tiempo. Un color puede indicar peligro, también amor. Bueno, el amor y el peligro siempre estarán unidos por un hilo invisible; intangible. La canción de Bruno Mars se extinguía. Federico arribó al estacionamiento del Parque Italo-Americano. Una mujer, cuya dentadura carecía de dientes incisivos, lo guiaba haciendo señas con sus manos. Nos estacionamos. El Parque no abría sino hasta unas cuantas horas después.  <<Bueno, muchachas, ya estamos acá como querían>> Comentó Federico con una plácida sonrisa sobre su rostro. <<Se los digo, yo vine el otro día y me moría por regresar>> Carolina estaba emocionada. Ella y Federico parecían eternos, aquella mañana me hubiese arriesgado a decir que no faltaban muchas semanas para que Fede le entregara ese fulano anillo del que tanto hablábamos cuando subíamos a El Ávila él y yo. <<Es mi primera vez acá>> Confesó Eugenia. <<Yo no vengo hace años>> Le dije para unirme a su sensación de novedad. <<Lo importante es que la vamos a pasar bien>> Federico se recostó de su asiento, se veía cansado. Cerró los ojos. <<Cuando abran>> Carolina hizo lo mismo. Eugenia se dejó caer sobre mí, su cabeza se apoyó en mi pecho. El aroma de su cabello me embriagó. La canción terminó y los cuatro nos quedamos dormidos.

El amor y el peligro estarán siempre unidos por un hilo invisible.

     <<Usted sí que es gracioso, Ignacio>>. <<Para nada, mijo. Soy un tipo realista. Yo sobreviví a la segunda guerra mundial, a la explosión de la bomba de Hiroshima. Hijo, yo seré un viejo loco, pero gracioso no soy>>. El Señor Ignacio demostraba su cansancio con su mirada, sus ojos lucían apagados. <<Debe haber tenido una vida fascinante>>. <<Una vida es siempre fascinante, tiene momentos buenos, momentos malos, momentos regulares, momentos de terror. Todas, por lo menos tú te ves angustiado. Me angustia tu angustia>>. <<Solo espero por alguien. Es todo>>. <<Alguien importante>>. <<Sí>>. <<No se te olvide recordarle lo importante que es para ti. A veces, ellas no se dan cuenta de eso>>. <<Así lo haré>>. Se escuchó el sonido de una reja abriéndose. Era la del edificio de Eugenia. Era Eugenia. Nos miramos con timidez, como si el pudor se hubiese adueñado del espacio. <<Ve a por ella, mijo. No seas gringo>> Ignacio comenzó su retirada entre carcajadas disimuladas. <<Gracias>> me despedí. Eugenia me sonrió. Mi corazón maltrecho se llenó de júbilo.

     And when you smile (y cuando sonríes) / the whole world stops and stares for a while (el mundo entero se detiene y se queda mirando) / ‘cause girl you are amzing (porque, chica, tú eres fantástica) / just the way you are (de la manera que eres). La canción moría en la sala. Nos habíamos ido al cuarto. La blusa blanca de Eugenia voló por los aires. Nos reíamos como niños. Sus besos eran dulces. Sabían a vino y a gloria. <<Déjame verte>> Le pedí entre jadeos. Ella me mostró una enorme sonrisa. Aun cuando ella no ha estado, esa sonrisa siempre ha permanecido grabada en mi mente. Es la sonrisa más hermosa de este mundo. Sus manos desaparecieron, estaban en su espalda para desabrochar su sostén strapless negro. <<¿Te he dicho que amo cómo te queda ese sostén?>>. <<Muchas veces, bobo>>. El sostén cayó sobre mis muslos, lo empujé hasta que cayó al piso. El torso desnudo de Eugenia lucía increíble. Su abdomen no estaba definido, ella era delgada. Se le notaban ligeramente las costillas al respirar. Sus senos caían como gotas, eran pequeños. Eran muy bonitos. Sus pezones eran rosados, chiquitos. Estaban parados. <<¿Te he dicho que me encanta cómo me miras?>>. <<Sí>>. <<Nadie me había mirado así>>. <<A lo mejor más nadie lo hará, entonces mis miradas por siempre serán especiales>>. <<No seas aguafiestas>>. <<Te voy a desear por siempre, Geni. Pero, a veces el amor se agota. Las mujeres son un misterio. Si alguna vez te vas, llévate contigo la idea de que te voy a extrañar>>. <<Cállate…>>. Comenzó a sacarme los pantalones. Sus manos acariciaban mis piernas mientras lo hacían. <<Eso me gusta>>. Mi ropa interior también desapareció. <<Yo nunca me voy a ir, porque…>>. <<¿Por qué?>>. Ella tampoco traía ropa interior. La deliciosa humedad de su entrepierna me abrazó. Perdí los tiempos. Se me borraron las palabras. <<Porque te amo, bobo>>. Esa fue la primera vez que lo dijo.

Maldiciones y mentadas de madre por doquier.
     El ascenso me llenaba de vértigo. Nos habían dicho que la montaña rusa solo daba una vuelta. Sin embargo, esa vuelta era una gran vuelta que te dejaba con ganas de más. Federico y Carolina estaban sentados en los primeros asientos, Eugenia y yo íbamos detrás de ellos. El cielo estaba despejado. El Ávila se veía verde, era hermosa y algunos edificios le hacían falda. La montaña rusa se detuvo. Parpadeé. La caída fue muy emocionante. Maldiciones y mentadas de madre por doquier. Gritos, negaciones  y afirmaciones. Un caldero revuelto de emociones. Los cabellos de las chicas eran azotados de un lado al otro, parecía que saldríamos volando, que el tren no se mantendría aferrado a los rieles. No podía respirar, no me paraba de reír y de pronto el tren se detuvo y terminó la vuelta. Nos quedamos con ganas de otra.

     <<Cuando mi papá me regaló este apartamento, pensé que acá sería en dónde viviríamos>> Federico todavía sostenía el anillo entre su dedo índice y el pulgar. <<De pana, si quieres llamarla, hazlo. Búscala. No puedes vivir en esta tortura, un día de estos te vas a lanzar por la ventana>>. <<¿Tú has buscado a Eugenia?>> Ese fue un golpe bajo. <<No. Ella se fue>>. <<Eso no importa, quién se fue, quién volvió… Si por eso no la has buscado, eres un pendejo>>. <<Ni he sabido nada de ella desde esa noche>>. <<Si quieres la buscamos por Instagram>>. <<¡No!>>. Mi cara de miedo debe haberle causado gracia a Federico, se rió sin parar. Cuando se calmó colocó el anillo en su caja y la cerró. <<¿Quieres escuchar a mi clon?>>. <<¿Ah?>>. <<Bruno Mars>>. <<Bruno no… Ya sabes lo que pasa con Bruno>>. <<No pasa nada con Bruno>>. <<Las muchachas amaban al puto Bruno>>. <<Nosotros también antes de que ellas aparecieran – se dirigió a su antiguo reproductor de CD’s y lo encendió - ¿Te acuerdas?>>. Comenzó a sonar una canción del año dos mil diez. If you ever find yourself stuck in the middle of the sea (si alguna vez te encuentras atrapado en el medio del océano) /I’ll sail the world to find you (yo navegaré el mundo para encontrarte) / If you ever find yourself lost in the dark and you can’t see (si alguna vez te encuentras perdido en la oscuridad y no puedes ver) / I’ll be the light to guide you (yo seré la luz que te guíe). <<Count on me… Claro que me acuerdo>>. We find out what we’re made of  (descubrimos de qué estamos hechos) / when we are called to help our friends in need (cuando somos llamados para ayudar  a nuestros amigos en problemas). <<¿Desde cuándo somos amigos?>> Preguntó Federico retornando al sofa. <<Desde el tercer grado. Eras un gordito que se copiaba las tablas de multiplicar de la parte de atrás de los cuadernos de matemática>>. <<Debe ser que tú no hacías eso>>. <<También>>. You can count on me like 1, 2, 3 (puedes contar conmigo como 1, 2 ,3)   / I’ll be there (yo estaré allí) / and I know when I need it (y yo sé que cuando lo necesite) / I can count on you like 4, 3, 2 (puedo contar contigo como 4, 3, 2) / and you’ll be there (y tú estarás allí) / ‘cause that’s what friends are supposed to do, oh yeah (porque eso es lo que se supone que hacen los amigos). <<Siempre vas a contar conmigo, Gabo>>. <<y tú conmigo>>. <<Llámala. Si la quieres, llámala o… Escribele>> Federico tomó la cajita de madera, me la entregó y se levantó del sofá. <<No… no me des esto>>. <<Vengo en cinco minutos>> Me dijo, nunca regresó. Se quedó dormido y me tocó irme en bus a casa el día siguiente. A la fecha de hoy, Carolina está casada con un tal Gustavo. Federico vendió el apartamento y ahora vive en Panamá. Nos hablamos por Skype todas las noches.

"Esa vaina me va a hacer vomitar" Federico.
     El imponente Ranger agitaba sus martillos, giraban a 360º. <<Esa vaina me va a hacer vomitar>> Comentaba Federico. <<A mí también>> Me sumé. <<Nadie va a vomitar, ¡Vamos!>> Carolina haló a Federico por un brazo. Eugenia los siguió. ¡Qué piernas las de Eugenia! A veces me quedaba atrás solo para verla caminar delante de mí.

     Eugenia caminó hacia mí, yo di unos cuantos pasos para acercarme. <<Hola>> Fue un saludo seco. <<Hola, Geni>>. <<Disculpa el retraso>> Ya no me sentía angustiado, ella estaba ahí delante de mí, como la deseé durante más de un año. <<No hay problema, soy bueno esperando, mi amor>> Ella pareció incomodarse con ese “mi amor”. <<¿Nos vamos?>>. <<Nos vamos>> Coloqué la botella vacía de cerveza en el suelo y entonces echamos a caminar uno al lado del otro rumbo a La Castellana.

     El encargado del Ranger bromeaba con todos los que esperábamos a que arrancara el aparato. <<Agárrense duro que esta vaina una vez salió volando y tuvimos que ir al terminal de La Bandera a buscar a las personas que estaban dentro de la jaula>> Se reía con sadismo innato. <<¿Esto no va a salir volando, verdad?>> Eugenia me apretaba el muslo con su mano izquierda. <<No, mi amor>>. El sádico dejó caer la reja que cerraba el aparato. Eugenia y otras mujeres gritaron. <<Tranquilas, señoritas. Lo peor está por venir>>.

     Todos los comercios en la vía estaban cerrados. La ciudad se sentía triste. <<Este País se va a la mierda>> Comentaba ella con notable decepción. <<Sí>> contesté rápido. <<Me sorprendió que volvieras a aparecer>>. <<A lo mejor nunca me fui>> Yo caminaba a su lado, ella  miraba al suelo cuidando cada uno de sus pasos. <<La que se fue fui yo, ¿Te acuerdas?>>. <<Eso, mi Geni, es algo que no olvido>>. <<Si eres bobo>>. <<No más de lo normal>> Los dos nos reímos. Ya estábamos llegando a La Castellana.

     El ascenso fue terrorífico. La montaña rusa se quedaba corta. Era un paseo infantil comparado con el Ranger. Perdí el control de mí mismo, mis pies chocaban contra el techo. Gritaba sin parar. Me sentí libre, el mundo podía acabarse y ya no importaba. Mis brazos rebotaban contra el seguro de pecho que me mantenía aferrado al asiento. Yo siempre he sido un miedoso. Un cobarde que le huye a los conflictos y lo desconocido. Montarme en ese Ranger me llenaba de miedo, pero no podía demostrarlo delante de Eugenia. Ella me hacía creerme que yo era valiente. Gritamos. Todos gritamos, Carolina parecía haberse escapado de algún centro psiquiátrico. Federico rezó el Padre Nuestro con groserías. Fue una experiencia religiosa la de perdernos en el vacío que separaba la jaula en la que nos encontrábamos del suelo que se hacía próximo en cada nueva bamboleada del aparato. Nos volvimos a encontrar mareados caminando en dirección de la rueda de la fortuna. Me sentía vivo. <<¿No estuvo tan malo, verdad?>> Eugenia me apretaba la mano, todavía estaba aterrada. <<No, mi amor>> Yo también lo estaba.

     La Castellana también estaba muerta, solo estaban abiertos el McDonald’s que estaba en remodelación, El León y un par de restaurantes. <<No hay muchas opciones>> Me dijo ella. <<Yo solo quiero pasar el rato contigo>> Señalé la entrada de un restaurante cualquiera, se veía costoso. <<¿Seguro?>>. <<Seguro>>. Ella se encogió de hombros, la dejé caminar adelante. Su silueta era la misma, su caminar era el mismo. Mi Eugenia era la que siempre adornaba mis recuerdos. <<¿Vas a venir?>> Ella volvió a sonreír, esta vez se le veía un poco más feliz. <<Voy detrás de ti>> apresuré el paso.

     Mi casa había estado sola desde hacían tres días. Las vacaciones iban a ser divertidas, ya me había abastecido con una decena de cajas de condones. Sí. Eso hacíamos Eugenia y yo, no confiábamos en las pastillas anticonceptivas, por eso ella se cuidaba  y yo también. En la alacena tenía bolsas de granos de cotufas, Doritos naturales, Pepitos, tubos de Choconut. En la nevera había chuletas, muslos de pollo, bistecs y muchas verduras. Vale la pena mencionar que había acumulado unas cuantas botellas de vino, once. Se suponía que Eugenia se vendría desde la primera noche, pero algo no estaba bien. Ella había estado fría. Había levantado un muro enorme entre nosotros. Finalmente, apareció esa noche seca como se había hecho costumbre. Me sentí triste, como un perro callejero que se quiere esconder porque sabe que viene una tormenta. Mi optimismo se esfumó. <<Tenemos que hablar, Gabo>> Ella inició. Nos encontrábamos en la sala. <<Sí, ¿De qué quieres hablar?>>. <<Tú sabes de qué quiero hablar>>. <<No>> Sí sabía. <<Ya no podemos seguir con esto>>. <<No, Geni, no>>. <<Sí>>. <<Podemos resolverlo. Siempre se puede>>. <<No esta vez, Gabriel>>. <<¿Por qué?>>. <<Ya no siento lo mismo>>. <<¿Por qué?>>. <<Ya no somos los mismos>>. <<¿Por qué?>>. <<Ya basta de preguntar “¿Por qué?”, ya basta, Gabriel. No lo hagas más difícil>>. <<¿Qué sientes por mí?>>. <<Cariño, eres un gran amigo>>. <<Podemos arreglarlo>>. <<No>>. <<Yo te amo>>. <<Me voy, Gabriel>>. <<¿De verdad te vas?>>. <<Me he portado mal, lo mejor es esto. Mira a Federico y a Carolina, lo mismo les pasó. Se acabó el amor, supongo>>. <<No te vayas, no se ha acabado>>. <<Acompáñame a la puerta>> Me entregó las llaves que le había regalado. <<No te vayas>>. La acompañé a la puerta, me dejó tomar su mano durante el recorrido, seguía cálida. Cómo la amaba. <<No te enredes con cualquiera, ¿Sí?>> Me dijo al soltarse, ya la puerta estaba abierta. <<Tú tampoco>> Le dije, me sonrió triste. Se dio vuelta y no miró  hacia atrás. No la volví a ver. Me eliminó de todas las redes sociales. Solo nos quedó el correo electrónico para comunicarnos. Desde ese día solo le escribí dos veces, la primera vez no me contestó. La segunda fue un par de días antes del reencuentro.

Si alguna vez me voy de Venezuela, voy a extrañar a mi Caracas.

     La rueda de la fortuna giraba lento. Vaya que lentitud de muerte, pero sirvió para calmarnos. <<El Ranger estuvo increíble>> Decía Federico, estaba abrazando a Carolina. Se veían muy enamorados. <<Sentí que me iba a morir, pero fue lo máximo>> Comentaba ella. Alcanzamos el tope, se detuvo por un momento. <<Ojalá Caracas siempre estuviese así, en calma>> Comenté  a mis amigos. <<Caracas nunca va a estar en calma, Gabo>> Me replicó Federico. <<¿Por qué?>> Preguntó Eugenia, todavía me tomaba de la mano, su cabecita estaba apoyada en mi hombro. <<Porque los que vivimos en ella siempre estamos preocupados, siempre vamos a una marcha trepidante. El caraqueño es acelerado. La gente dice que el venezolano es flojo, y no somos flojos. Somos arrechos. Nunca estamos en calma>> Federico se rió. <<Esta es una ciudad hermosa, ¿saben? Si alguna vez me voy de Venezuela, voy a extrañar a mi Caracas. No importan sus defectos>> Carolina sonaba nostálgica. Hasta los ranchos lucían sublimes. Ese momento, allá en la cima de la rueda de la fortuna, lo atesoro con mucho cariño. Federico y Carolina juntos, Eugenia aferrada a mí. Caracas en paz. Eugenia en un arranque de esos de locura, sacó su celular de su bolsillo y tomó una foto. Los cuatro sonreímos y una Caracas hermosa nos hacía fondo. Dos meses después Carolina y Federico se separaron. Ochenta y seis días después Eugenia me entregó sus llaves y se despidió sin dar mayores explicaciones, el amor se había agotado, supuso. El amor nunca se acaba. Nunca se acabó de mi parte. Los dos minutos en el tope de la rueda de la fortuna fueron interminables. Después abordamos el carro de Federico y nos separamos, no hubo otra salida los cuatro juntos después de esa mañana. Aún hoy, no nos hemos vuelto a reencontrar como en los viejos tiempos.

     La iluminación invitaba al romanticismo dentro del restaurante aleatorio que sugerí. La mesa estaba impecable, excelente decoración, lujosa. Acababa de pagar mi tarjeta de crédito, así que no estaba preocupado por el tamaño de la cuenta. <<¿Por qué decidiste contestarme el e-mail?>> Le pregunté. El mesonero arribó con una jarra de sangría. Nos encantaba la sangría. <<Me convenciste con esa tonta canción de Bruno Mars>>. <<Casi todas sus canciones me hacen pensar en ti>>. <<¿Todavía? ¿Incluso después de más de un año?>>. El mesonero llenó ambas copas hasta el tope antes de retirarse. <<Nunca dejé de pensarte, Geni>>. <<Bueno, yo tampoco te olvidé. Solo que ya no podíamos seguir juntos… No me vayas a preguntar por qué de nuevo>>. <<No lo iba a hacer, ya no importa>>. Saqué mi teléfono celular. <<Guarda el teléfono, que estrés contigo y ese aparato. No sé para qué te lo regalé>> Sonrió y tomó un par de sorbos de su copa. I know you are somewhere out there (yo sé que estás en algún lugar). <<Talking to the moon>>. <<Apaga eso, coño>> Eugenia casi escupe la sangría sobre el mantel. I want you back (te quiero de vuelta) / I want you back (te quiero de vuelta) / My neighbors think I’m crazy (mis vecinos piensan que estoy loco) / but they don’t understand (pero ellos no lo entienden). Algunas personas comenzaron a mirar en nuestra dirección. <<Voy, me gusta la canción>>. <<Gabriel González, apaga esa vaina, ya entendí>>. You’re all I had (Tú eres todo lo que tuve) / You’re all I had (tú eres todo lo que tuve). <<¿Solo te convencí con la canción?>>. <<Si no apagas eso, me voy>> Ella se reía, no lo decía en serio. Yo conocía sus expresiones. At night when the stars light up my room (en la noche, cuando las estrellas iluminan mi habitación) / I sit by myself talking to the moon ( tomo asiento en soledad y hablo con la luna) / trying to get to you (tratando de encontrarte). Le bajé el volumen a la canción, la voz de Bruno Mars se disminuyó un poco. In hopes you are on the other side talking to me too (en ilusiones, tú estás del otro lado hablándome también)/ or am I just a fool who sits alone talking to the moon? (¿O solo soy un tonto que se sienta en soledad y habla con la luna?). Eugenia tomó otro sorbo de sangría, éste fue más largo. <<Estás loco>>. <<No más de lo normal>>. Un mesonero se nos acercó y solicitó que quitáramos la música, Eugenia se puso roja. Yo afirmé con mi cabeza. Me estaba muriendo de la risa por dentro. Silencié a Bruno Mars. El mesonero se despidió agradeciendo la cooperación. <<Qué pena, te voy a matar>> Eugenia volvía a ser la de siempre, quizás hacía falta romper el hielo.

     <<¿Estás escuchando Talking to the moon­ otra vez?­>> Me decía Federico desde el otro lado del monitor. <<Hazte el loco, tú sabes que sí>>. <<Todavía no te escribe, ¿verdad?>>. <<No>>. Estaba Sosteniendo el anillo dorado con trozos de cuarzo azul entre mis manos. Me sentía ansioso. Ella siempre me hacía esperar, pero esta vez se estaba pasando.

     La conversación fluyó después del incidente de Bruno Mars  y el mesonero. La vida de Eugenia no había cambiado mucho, seguía en el mismo trabajo aburrido y el dinero casi no le alcanzaba por culpa de la inflación. La inflación en Venezuela nos está matando a todos. Hoy todavía no han conseguido la cura para ese cáncer. Ella había perdido contacto con Carolina, ésta se alejó incluso de ella tras la ruptura con Federico, Carolina estuvo furiosa y borró de su vida todo lo relacionado con él. <<¿Por qué respondiste?>> le volví a preguntar. <<Porque no quería irme sin volverte a ver>>. <<¿Irte? ¿Cómo que irte?>>. <<Me voy a España con mi mamá en unos días>>. <<No…>>. <<Sí>>. Tomé su mano, ella la había dejado extendida sobre la mesa. <<Ahora te vas más lejos>>. <<Sí>>. <<¿Por qué?>>. <<Porque acá no hay más nada que hacer, mi a…>> Se contuvo. Se me puso chiquito el corazón. <<No quiero que te vayas>>. <<Igual me iré. Igual no he estado para ti en mucho tiempo. Estarás bien>>. <<¿De verdad dejaste de amarme?>> Le pregunté, nos habíamos bebido casi toda la jarra de sangría para ese momento. <<Sí, fue muy bonito, pero se acabó. No he vuelto a enamorarme, salí con un tipo, Roberto… Me hizo sentir especial al principio, después todo se fue apagando también>>. Yo la miraba fijo a los ojos. Había deseado tanto mirarla desde hacía tiempo. <<Te ves hermosa>>. <<Nunca me han vuelto a mirar así… Con esos ojos>> Nos perdimos en nuestras miradas. <<Y no lo harán porque no tendrán mis ojos>>. Ella soltó mi mano. <<La he pasado bien, pero… ¿me llevas a casa?>>. No quería que terminara la noche. <<Claro, Geni. Vamos a casa>> Sin embargo, no intenté alargarla. A veces, uno se aguanta las ganas de estirar las noches, de fabricar horas donde no las hay. No tiene sentido, debí haber estirado la noche.

     <<Ella está bien, relájate, siempre te ha hecho lo mismo>> Federico me consolaba desde el otro lado del monitor. <<Lo sé. Solo que me muero por leerla, es lo único que queda>> Guardé el anillo en su cajita de madera. <<Estarás bien… Solamente deja de escuchar a mi clon, a veces ese pana lo pone triste a uno>>. <<Bueno, me voy>>. <<No te vayas a la azotea otra vez, te estás torturando, coño>>. <<Claro que no, solo me gusta mirar las estrellas>>. <<¿Las estrellas o los aviones? A mí no me engañas>>. <<No sé para qué te conté>>. <<Te quiero. Ella está bien. Ya te lo dijo, alguien te amará mejor>>. Eugenia llevaba dos semanas fuera del país, según mis cálculos, y todavía no me enviaba ni un mensaje. Se había vuelto a perder.

     La caminata de despedida fue dura, casi no intercambiamos palabras. Eugenia se mostraba cerrada, difícil. <<¿De verdad te vas?>>. <<Claro, bobo. No te diría que me iba si no fuese verdad>> Ella me tomó de la mano. <<Te vuelvo a ver solo para decirte adiós… No es justo>>. <<Fue bonito, verte fue bonito. Se te ve bien>>. <<Y me ignoras>>. <<No lo hago, solo que no quiero que sea una despedida cliché. Quiero que sea un… No sé… Un hasta luego, tal vez… Sí>>. El edificio estaba a la vista, ella comenzó a buscar sus llaves en su bolso. <<¿Volverás a desaparecer, Geni?>>. <<No está en mis planes, Gabo>>. Llegamos a la reja, ella introdujo su llave, la abrió. <<No pude dejar de amarte>>. <<Lo sé, se te ve en los ojos. Mira, alguien aparecerá eventualmente. Siempre sucede. Más nadie te va a amar como yo lo hice, pero créeme, te amarán mejor>>. <<No quiero que me amen mejor>>. <<No se trata de lo que quieras>>. Ella se acercó a mí, sus labios fueron sin reservas en dirección a los míos. Así fue el reencuentro de nuestras bocas. Un beso de esos que se quedan grabados. Fue breve, pero infinito. <<¿Me escribirás?>> pregunté cuando ella se separó y se internó a paso apresurado en su edificio. <<Mañana…>> Me dijo a la distancia. Eugenia se volvió a marchar sin mirar atrás. Me quedé allí parado disfrutando de su caminar. Todavía se pasea ella en mis fantasías, nunca voltea.


     Hoy, como todas las noches desde que se fue, Eugenia camina delante de mí. Los aviones danzan sin destino. La luna está grandota, aun cuando no está. I feel like I’m famous (siento como que soy famoso) / the talk of the town (el chisme del pueblo entero) / They say I’ve gone mad (dicen que me he vuelto loco) / Yeah, I’ve gone mad (sí, me he vuelto loco). Me he vuelto loco, ahora vengo a esperar por su mensaje acá arriba haciendo uso del wi-fi de la Alcaldía. Ella no escribe. Solo me acompaña Bruno Mars, repito la misma canción una y otra vez: Talking to the moon, esa que rompió el hielo la última vez que la vi. La canción que le envié en el segundo correo electrónico, ese que sí respondió. But they don’t know what I know (pero ellos no saben lo que yo sé) / ‘cause when the sun goes down (porque cuando el sol cae)/ someone’s talking back (alguien me responde). Hoy alucino con que escucho el pitido que anuncia un mensaje nuevo, y que ese mensaje es de ella. Me imagino un correo corto que diga algo como:

Nadie te va a amar como yo. Alguien te amará mejor.
Te quiere,
Geni.

     Así, sencillo. Me imagino que adjunto trae un archivo: La foto de Federico, Carolina, ella y yo en la cima de la rueda de la fortuna. A veces, sueño con nosotros cuatro riéndonos de Federico y lo ridículamente idéntico que es a Bruno Mars. Añoro los besos que ya no están, y la manera en la que ella me miraba de vuelta cuando estábamos por hacer el amor, nunca se lo he dicho, pero a mí tampoco me han vuelto a mirar igual.






Que la energía positiva llene ese vacío que sientes en el pecho.
(Floyd en montaña rusa - 02/2016).

L.F. Arias.

martes, 9 de febrero de 2016

Barco a la Deriva

Yo vi de cerca el final del camino
detrás de las olas del horizonte.
Sentí como el viento se despedía de mí
a manera de burla.
El mundo entero se resumió en el colapso
ocasionado por el fracaso continuo.
Y así seguí, 
hasta sentir que la música moría en mis oídos.

Nadie sabe cómo se siente ser un barco a la deriva
hasta ser sorprendido por 
uno de los tantos giros inesperados que da la vida.

Yo vi de cerca el final del camino
escondido detrás de sonrisas falsas,
forzadas por el compromiso social.
El mundo se resumió en la oscuridad
que se encuentra debajo de las masas marinas.
Y así me hundí,
sabiendo que sus besos morían en otros labios.

Nadie nunca va a comprender la muerte en vida
hasta verse sorprendido
entre sus lúgubres brazos helados.

Yo estuve en el final del camino.
Yo cedí al impulso inocente 
de dejarme caer al vacío infinito.
El mundo se resumió en una despedida.
Y así morí,
ya no había más que sentir.

Nadie comprenderá un naufragio
si no ha visto cómo se hunde su barco.
Nadie debe juzgar la enfermedad silenciosa
que se come a un corazón ajeno,
sin haber sido consumido antes por la soledad
que deja un corazón roto.

Jamás comprenderás cómo se siente renacer,
si nunca has muerto.

Yo estuve sumergido en el arte,
en la música, en el llanto.
Fui un navío abandonado en medio del mar.
El mundo ya no tuvo resumen.
Y así floté,
así entendí cómo se siente ser un barco a la deriva.

Vive la vida sin preocuparte.
Entiéndete. Ámate.
Navega a la deriva.
Disfruta del mar desconocido,
porque todos los barcos llegan a puerto. 
Los accidentes solo retrasan 
el inevitable final.


Que no te asuste el camino desconocido. Allí se encuentra el aprendizaje.

L.F. Arias



jueves, 4 de febrero de 2016

Hasta luego "Surf en SD"

Hoy le dije adiós a la foto que decoró el inicio de este blog desde su creación. El motivo es la remodelación de este sitio. La vida está en constante movimiento y, bueno, creo que es hora de darle un nuevo look a "17's".

Poco a poco iré agregando nuevos cambios a la apariencia del Blog.

Un abrazo a quienes visitan este sitio y lo mantienen con vida, porque sin ustedes éstas no serían más que letras muertas.

Surf en SD (2010). "Recuerdos que me hacen soñar".


Siempre recuerden:

"El desenlace llega cuando comprendes que el camino a seguir no se ha borrado del suelo".



Agridulce

Siempre un deleite.

Eres agridulce,
a veces más agria y
a veces más dulce,
pero siempre un deleite.

Eres muchas veces más dulce que agria,
yo creo saberlo bien.
Sin embargo tiendo a confundir los sabores,
lo hago sin querer.

Eres agridulce.
Eres un misterio al paladar,
porque cuando parece que me vas a dar placer,
te transformas en un malestar.

Eres agria cuando me ignoras,
Cuando me prefieres lejos.
Y eso está bien,
A veces es necesaria la distancia.

Eres agridulce.
Eres una tonalidad rosada
Que brilla intensamente en mis pensamientos,
Y después cae inmersa en la oscuridad del “tono negro“.

Eres dulce cuando sonríes,
Cuando me embriagas con tus ocurrencias.
Eres dulce cuando te ríes,
Cuando me alegras con tu inocencia.

Eres agridulce.
Eres la dualidad que me enloquece
Cuando no consigo entender
Por qué dices lo que dices y
Haces lo que haces.

Para mí eres una dulzura de mujer,
Solo que para llegar a lo dulce,
Toca degustar antes otros sabores.
Solo conocen tu verdadero sabor
 los que sortean la acidez de tus muros.

Eres agridulce.
Una sorpresa.
Un sabor exótico.
Una belleza.

Única.


domingo, 31 de enero de 2016

Historias sobre ti

Yo podría escribir muchas historias sobre ti,
podría pasarme noches enteras soñando despierto
con el sonido de tu risa malcriada.
Yo podría escuchar todas las historias 
que tienes para contar,
podría pasarme tardes enteras
entretenido con el sonido de tu voz.

Yo podría escribir muchas historias sobre ti,
podría imaginarme mil y una situaciones en las que juntos
hacemos del espacio personal algo subjetivo.
Yo podría escuchar todas las historias
que se esconden en cada una de tus jornadas académicas.

Yo podría escuchar muchas historias sobre ti,
podría dedicarme a la tarea de descifrar
los misterios ocultos detrás de todas y cada una de tus palabras.
Yo podría escuchar todas las historias
que, con euforia poco evidente, 
relatas cuando es tu turno de hablar.

Yo podría escribir muchas historias sobre ti,
siento que podrían ser miles de relatos,
inspirados en un sinfín de situaciones
que se me ocurren cada vez que tu rostro
se viene a mi cabeza.

Yo podría escribir muchas historias sobre ti,
describiendo tu silueta playera,
tus diálogos rebeldes,
y tus constantes "vale" cuando afirmas algo.

Podría ceder ante tu belleza,
como lo hago.
Yo podría ceder ante la magia que contienen tus ojos,
como lo hago.
Yo podría ceder...
Yo podría ceder... 

Yo podría escribir para ti,
si supiera que vas a leerme,
serían muchas historias,
en todas  y cada una de las cuales
serías una protagonista a la que todos
estarían interesados en conocer.

Yo escribiría acerca de la emoción
que nace de nuevo en mí.
Escribiría acerca de flores en la primavera,
ríos de caudales inmensos,
huellas que indican el camino a seguir y
sonrisas eternas que se alojan en mi mente.

Ya te lo he dicho,
escribiría muchas historias.
Escribiría para ti
y esas millones de líneas
serían eternas como tu sonrisa.
Vivirías para siempre en un mundo literario.

¿Estarías dispuesta a vivir por siempre?