Surf en SD

Surf en SD
La vida está en el camino.

lunes, 4 de febrero de 2013

Él ya Tenía Todo lo que Necesitaba

El clima de febrero le permitía ponerse abrigos largos para ir a trabajar, zapatos deportivos desentonaban su look de oficina, ¡Pero si ya es viernes de nuevo! no importará demasiado eso. Una taza de café acompañó su desayuno, veloz como rayo no dejó nada en el plato. Sonrió, tenía el estómago lleno.

El clima de febrero le alegraba la caminata al subterráneo, sus pisadas no se sentían, esos zapatos deportivos le acariciaban las plantas de los pies; era poesía, era respirar profundo y aguantar el aire por diversión, eran campanas de fondo mientras él pisaba hojas caídas de los árboles, era.... eran tantas cosas en una, era amor; estaba pensando en ella.

El sabor de sus labios le endulzaba los pensamientos, y el imaginar su tacto le erizaba la piel; un suspiro, eso era, era reposar bajo la sombra de un árbol; dulce y delicada situación, sutil, y suave como las sábanas color lavanda y con aromas florales de la habitación de ella; una gota de agua tibia resbalando por su espalda. Una caricia en la parte trasera del cuello; era ella la que le permitía caminar con tan majestuosa soltura, y en un abrir y cerrar de ojos llegó a la oficina.

Puertas de cristal que se abrían sin hacer el más leve sonido para dejar ver el interior del lobby del edificio, remodelado hacía semanas atrás, ¡qué buen trabajo!, algunas pinturas modernas decoraban la estancia, floreros y estatuas. La chica del puesto de "información" le sonreía a los visitantes, en especial a él, un hombre de esos que atraen miradas, uno de esos que aparecen en conversaciones de mujeres solteras un poco tomadas. Un tipo al que muchas en ese edificio habían intentado atrapar.

A paso firme atravesaba el lugar para colarse en el ascensor; vaya iluso si creyó haber pasado desapercibido.

Un escote salvaje resaltaba sobre los demás juguetes que tenía aquella mujer, alta y estilizada, puta como ninguna, pero era la jefa; ese olor a perfume francés inundaba los sentidos de todos los visitantes de su oficina, al menos 16 personas iban para allá cada día, a veces con excusas baratas que les permitieran echarle un ojito a la mandamás, a veces sin excusas.

Él casi corrió hasta su escritorio, limpio y ordenado, como todas sus cosas; escapar de la regalada de la planta baja le suponía todo un triunfo, y era por eso que aquellos rumores se esparcían como la gripe porcina. Medio edificio consideraba que él, un hombre enamorado, era tremendo maricón. 

¿Es acaso una sentencia de muerte el no acostarse con cualquier cosa que se mueva y deje ver sus piernas gracias a una falda corta?

¿Era él un marico por no aprovecharse de la calentura que le inspiraba a esas mujeres de su oficina?

 En caso de ser ciertos los rumores, ¿el ser homosexual es algo negativo?

La realidad era que él se tapaba los oídos y seguía con su vida. Dejó su abrigo largo a un lado y se levantó para buscar un vasito con agua; fue allí cuando nació esta historia, justo cuando esas uñas largas  y rojas lo tomaron por el hombro, el aroma francés lo mareó, y ya tenía una cita con la mujer que más veces había intentado tenerlo entre sus piernas.

Suspiró. 

Sus pisadas no resonaban por el pasillo de camino a su oficina, y si lo hubiesen hecho no habrían sido escuchadas gracias al sonido de los tacones de la mandamás del lugar, ¡vaya manera de caminar sobre tacones!, realmente lamentable. Para sacarse el aroma francés de la cabeza inhaló fuerte y profundo y allí estaba, ella de nuevo, delicada como muñequita de porcelana, con su sonrisa dominguera, de esas que no se fingen, de esas que parecen no agotarse aún cuando el sol se va a dormir. Allí estaba la calidez de sus pechos, y el esplendor de la parte baja de su abdomen. Allí se quedó aun después de exhalar; eran tantas cosas juntas, como la humedad de un día de playa o el placer de jugar a las luchas sobre la arena; ella era el flotar de un ave que deja de aletear por un momento y una flor brillante bajo la lluvia.

Ella era la primavera, el otoño, el invierno y hasta el verano, caliente y mojado, como sudor sagrado que corre salvaje por los muslos de una mujer dócil; ella, solo ella, era un beso suave en el cuello, y una ducha tibia a las 11 de la noche. Ella era su almohada favorita y la única cosa en el mundo indispensable. Ella era sus mejillas rosadas y su lengua cuando probaba algo delicioso, era el placer, era amor, era... Era... No se encuentran palabras.

Los senos salvajes lo miraban, pero no duró mucho; él se dio media vuelta; escuchó acusaciones y berrinches, escuchó como lo llamaban de mil maneras diferentes, parecía un episodio difícil en algún lugar recóndito de la mente de un vagabundo desdichado.

-Ni ahorita, ni esta noche, ni ninguna -Le dijo cuando ella terminó

No hace falta decir más. Él ya tenía todo lo que necesitaba.


"...Ella era todo lo que él necesitaba...".

"Es la voluntad de un hombre, es eso que nos permite seguir fieles a nuestros valores".

"Respeto...".

L.F. Arias.

Para alguien que valora acciones como esas

lunes, 28 de enero de 2013

La Caja

Destellos verdes y chispas doradas rodean mágicamente la esquina más remota de mi habitación; un lugar amplio y desolado, hasta cae en lo que muchos califican como desordenado; nadie se da cuenta de que en realidad eso es lo de menos cuando una sorpresa aún no ha aparecido. Expectante como niño en noche buena, como gato hambriento bajo la lluvia; expectante como el sol cuando aparece la silueta de la luna; así estoy yo ahora.

Mi colchón desgastado siempre me impide dormir bien, es una cosa tan molesta; un resorte por acá, un hueco frío (gracias al piso helado que se cuela por la delgadez del colchón) me congela una batata y mi almohada que no ayuda, tan plana como brazo de adolescente anoréxica. Así no se puede dormir. Cuando no se puede dormir, no se puede vivir. Me pica una nalga, quizás no sea la luz que proviene de la esquina lo que me mantiene expectante, quizás no puedo dormir en estas condiciones, quizás, solo quizás hoy me rehúso a aceptar esto.

Una arañita se pasea por la esquina más cercana que se forma entre el techo y dos paredes, se ve tan frágil, casi podría llegar a pensar que puedo aplastarla y no ser juzgado por ello, nadie jamás notaria su ausencia; ¿quién la extrañaría?. Debería limpiar esta pocilga de vez en cuando.

La brisa que entra por el hueco en donde solía estar mi ventana hace un ruido extraño al rozar con las paredes, viene con fuerza. Pronto va a llover. 

Un calor repentino comienza a recorrer mi cuerpo, casi se siente como cuando tenía ganas de luchar por mis derechos. Me pica la cabeza, una ducha no me vendría nada mal; sí, bañarse pasadas las 2 de la madrugada no es la mejor idea que se le puede ocurrir a uno. Las chispas están encendidas, siento miedo a lo desconocido.

La caja ha comenzado a derretirse.

Esta es la primera vez que veo que esa dichosa caja hace algo; aún está aquí porque es tan pesada que no puedo moverla al cuarto del aseo. Todavía recuerdo cuando me la obsequio mi abuelo hace muchos años atrás, en ese entonces la caja parecía estar vacía, pues no pesaba nada; y cuando digo nada, es que no pesaba nada; yo era un flacucho débil y la cargaba sin problemas, ahora estoy todo gordo y creo que esa caja es imposible de cargar.

Sentado en posición de indio espero asustado, ahora si es verdad que no tengo sueño, los destellos se han convertido en llamas que iluminan de manera poco sutil todas las paredes de mi habitación; pronto se podrían encender las alarmas. El fuego crece.

¿Miedo?

Siempre con miedo; las llamas crecen y comienzan a alcanzar proporciones peligrosas. Calientes, como el alma que perdí al dejar de defender lo que era mío. 

Gritos. Golpes. Sirenas.

La caja arde, como la pasión que sentí alguna vez por alguna cosa. La caja refresca, me siento como corriendo a través de un bosque. La caja moja, como si estuviese tomando un chapuzón en un lago. La caja es vida. Me he vuelto uno con el fuego.

He muerto.

Despierto. Me sacudo como si todavía estuviese sintiendo ese calor tan molesto. Me volví a olvidar de mis pastillas; tengo ganas de orinar, pero no iré al baño, le tengo miedo a la oscuridad. La arañita me sonríe desde la esquina del techo. La caja continúa cerrada, en aquella esquina lejana de mi habitación.


"Una emoción que sube por la garganta y baja de nuevo para regalarte un poco de éxtasis cuando te explota en el estómago. ¿La sientes?"

L.F. Arias.

Floyd Regresa




martes, 8 de enero de 2013

Saludos Iniciales 2013


Bueno, otro año más que llega; fueron unas grandes vacaciones; muy divertidas.

Ahora para comenzar un nuevo año, y así estrenar mi blog de 2013 voy a dejar por acá un resumen de algunas de las frases que dejé al final de algunas de mis entradas a lo largo del 2012.

Un fuerte abrazo.

En Marzo:

Dinero
15/03/2012

- "Puedes comprar muchas cosas, pero nunca la felicidad, la amistad o la vida, no puedes comprar vida".


Esa Pequeña Cosa que Crece Cuando nos Molestamos con los Demás
30/03/2012

-"Las cosas claras, aunque pesadas, siempre suelen ser mejores".
- "Omite las pequeñeces, sonríe hacia el mañana y sé feliz".

En Abril:


Un Sueño que Terminó a eso de las 3:00 am
04/04/12

-"Porque la inocencia de nuestros primeros años es un tesoro muy valioso".


¿Esperan por mí?
19/04/12

-"Los sueños viven, no contestan ninguna pregunta, no respetan ninguna señal; sólo esperan... Esperan a que nos llenemos de valor... ¿Esperan por mí?".

En Mayo:

Tengo un Camino
10/05/12

-"Si alguna vez he odiado, estoy seguro de que he pedido perdón y si no lo he hecho, estoy listo. Estoy arrepentido".


En Junio:

La Vida es Frágil
01/06/12

-"La vida es un regalo muy frágil, como casi todo lo que es valioso".


En Julio:

Cabellos Blancos, Respeto Ausente
27/07/12

-"Todos tenemos problemas, y sólo porque pensemos que los nuestros son más grandes, eso no hace los de los demás más pequeños".


En Agosto:

El Abrazo no Dado
11/08/12

-"La verdad duele, cuando la dices, cuando la escuchas y cuando la lees".


Ella no Entendía la Hora Militar
29/08/12

-"Algunas personas nunca van a aceptar nuestras disculpas".


En Septiembre:

Esclavos del Tiempo
03/09/12

-"Si me haces esperar, tal vez para cuando llegues, ya me habré ido".


El Ocaso de los veintinueve
14/09/2012

-"A veces me siento aburrido, sin razón alguna; sin razón aparente. Siempre hay una razón".


Se les Olvida que es Limitado
25/09/12

-"Ellas quieren matar el tiempo; muchos quieren matar el tiempo, pero como se les olvida que es limitado".

-"¿Qué es un chiguagueño sin su aspecto ratesco?
¿y qué me dices de un schnauzer sin su bigote elegante?
¿Qué es un ser humano sin cerebro?
¿Acaso una mujer es bella solo por sus implantes?".


En Octubre:

Vivir en una Caverna Repleta de Realidades
18/10/12

-"... ¿Saben qué opino de las personas realistas?, que son unos pendejos, que no se terminan de recuperar de los golpes que se han llevado en su estadía acá en nuestro corrupto y mal dirigido planeta tierra...".

-"Los realistas son pesimistas disfrazados, gente que considera que los sueños no tienen importancia".


En Noviembre:

Un Final Inconcluso
01/11/12

-"El día que ya no puedas admirar sus virtudes extrañarás hasta sus defectos".


Él Gritó
18/11/12

-"Aún espero el día en el que mi padre me haga sentir orgulloso, a veces parece más un hijo malcriado".


         La Reunión de los Hombres en Sillas de Ruedas
23/12/12

-"Mis protestas quejumbrosas parecen balbuceos patéticos cada vez que una persona aparentemente desfavorecida consigue hacer algo sencillamente fantástico".


Este ha sido un resumen para ustedes, dsifrutenlo. Disfruten de cada nuevo día en este nuevo año, aprovechen las oportunidades y sonrían más, porque sonreír es muy sano.

Para cerrar esta noche de manera adecuada, les voy a regalar una última frase. Hasta la próxima. Los quiero mucho.

"La vida es una historia, depende de nosotros escribir la nuestra, porque el día que alguien más lo haga quedará demostrado que no fuimos capaces de hacerlo con nuestras propias manos".

L.F. Arias.


domingo, 23 de diciembre de 2012

La Reunión de los Hombres en Sillas de Ruedas

Eran las 3:03 AM según el reloj de Cristóbal, otra puta noche más sin sueño; qué desgracia. Habían pasado 14 días desde la última vez que el gran amigo de todos, Cristóbal, había conseguido tener un rica y reparadora noche de sueño, muchos más días desde que había dormido con compañía, Sara, en ese caso; una mujer con la que se juntaba de vez en cuando para satisfacer sus necesidades sexuales.

<<Me cago en todo>> pensaba  Cristóbal esa noche, no se lo podía creer, toda su vida se había ido por el caño. Había perdido cerca de 20.000 BsF en una apuesta estúpida, ¿cómo resultaba posible que el Real Madrid perdiera contra el Málaga?. <<Dios tiene que haberme tendido una trampa>> continuaba quejándose mientras miraba el techo de su habitación <<Esto es una mierda, todo es una mierda>> las apuestas lo habían arruinado, esa fue solo la última de muchas.

La luna brillaba a su máximo esplendor aquella noche húmeda y calurosa, ese era el típico clima veraniego allá en el pequeño poblado de Alto Nacacual, ubicado en el estado Anzoátegui; la ola de calor era  tan grande que el consumo de agua había aumentado por la cantidad de veces que la gente se bañaba todos los días; Cristóbal lo hacía 3 veces. Los árboles se mecían expectantes, sus hojas caían sin hacer el menor sonido, de todas formas él podía escucharlas.

Su aire acondicionado de 12.000 BTU/Hr se había averiado pocos días antes, desde entonces dormía sin arroparse, descalzo para que la corriente de aire tibio medio refrescara sus pies. <<Mañana duermo desnudo, ¡nojoda!>> A pesar de eso, él seguía teniendo mucho calor, todo iba mal, 14 días de miseria; él era un hombre de ciudad, por favor, no tenía que darse mala vida en un condenado pueblucho.

Cerró los ojos y recordó:

-¡Verga! - exclamó Carlitos - Te está yendo super, Cristóbal, deberías montar algún negocito
-Ni que fuera millonario, Carlos - le respondió a su amigo de la infancia
-Vete pa' un pueblo, allí te la montas  y me invitas cuando estés instalado - le dijo finalizando su frase con una carcajada ruidosa
-¿Me rendiría más la plata?
-Claro, y por el sexo ni te preocupes, vas a tener como 7 culos - abrió los ojos - eres un tipo de ciudad
-Sería un idiota si te hiciese caso, Carlos
-Serías un idiota si no aprovecharas las oportunidades que te da la vida
-¿Será que me voy?
-Te vas a acordar de mí - le regaló una sonrisa confiada y se terminó su botella de cerveza - brindame otra

<<Claro que me acuerdo de ti, cabrón>> pensó de pronto, abrió los ojos y se recostó sobre su hombro, esa conversación la había tenido casi un año antes de esa noche; se creía un hombre con mucha suerte, adinerado y bien parecido, pero eso no le duro mucho, las últimas dos semanas eran la prueba de eso. Decepcionado de todo cerró los ojos y se los estrujó, muchos colores saltaban de un lado al otro, era muy bonito; para él era muy molesto, estaba harto.

Otro recuerdo lo distrajo:

-Entonces, hijo, ¿te comieron la lengua los ratones? - le preguntaba el abogado de su familia
-No, no... - tragó un poco de saliva - no sabía que mi papá me había dejado tanto dinero
-Bueno, hijo; digamos que él quería que vivieras bien después de su partida
-Ese viejo loco... - no podía tolerar las inmensas ganas de llorar
-Los hombres también lloran - le alcanzó un pañuelo blanco con bordes azules - yo también lo voy a extrañar

<<Todo era mejor con ese viejo aquí, nunca me hubiese venido a esta mierda de pueblo>> Una lágrima se paseó por su rostro y cayó hasta la almohada; en esos días ya Cristóbal estaba por cerrar su negocio de carnes en el centro del pueblo, esos casi 20.000 BsF que perdió en el encuentro de fútbol eran sus últimos billetes, solo le quedaban algunas mercancías y el local. Tendría que regresar derrotado a la ciudad. No había sabido administrar su dinero y tampoco había tenido suerte, así se hizo imposible conseguir éxito <<hubiese sido mejor conservar mi estilo de vida normal, sin arriesgarme tanto>>

De pronto el calor y sus pensamientos se suspendieron en una calma reconfortante, todo se volvió oscuro, él consiguió conciliar el sueño.


El hombre que tenía problemas para dormir se levantó con la boca torcida en una sonrisa aterradoramente emocionante, y así como llegó hasta su boca, se esfumó.

Esa mañana ni se bañó, ni desayunó, ni nada; a duras penas se vistió y cogió las llaves de su pequeña casa en el pequeño poblado de Alto Nacacual; era un lugar muy bonito para vivir. El sol radiante y las pequeñas aves cantando lo saludaron, él los ignoró. Un par de mujeres le echaron un vistazo cuando le pasaron por el lado, él las ignoró. Un pequeño cangrejo se detuvo para atravesarse en su camino, él lo intentó patear, el cangrejo huyó corriendo de medio lado; esos animalitos son muy graciosos.

De mala gana continuaba recordando cada una de las situaciones en las que se había equivocado <<esa apuesta no me iba a recuperar, yo perdí mi dinero hace mucho tiempo>> y así era, malas inversiones, mala administración y vicios.

-Disculpe, amigo - le dijo un hombre viejo que rodaba cerca de él - ¿la calle principal?
-¡Oh! - se sorprendió al verlo, esa era la primera vez - eh... siga derecho y llegará a la principal, mi señor
-Gracias, hijo mío - el hombre parecía rebasar los 60 años con facilidad
-A su orden - le dijo y lo observó alejarse rodando en su silla de ruedas

<<Eso sí que es estar jodido, espero nunca perder mis piernas>> pensó con detenimiento, luego se encogió de hombros y siguió su camino hacia su local. Resultó increíble la cantidad de hombres que rodaban por la calle principal, parecía una escena sacada de una película de auto ayuda estadounidense.

-Hermoso, ¿no? - le dijo una voz grave
-Raro... - le respondió Cristóbal sorprendido
-Raro, pero hermoso - le dijo un hombre con barba abundante
-¿Qué es?
-Una carrera
-¿De inválidos? - le preguntó muy sorprendido
-Una carrera de personas con esperanza - se volteó para mirarlo y le obsequió una sonrisa - vamos, hombre, la vida es aquí y ahora

Cristóbal no pudo quitar la vista de los dientes torcidos del hombre feliz hasta que éste se alejó, entonces se cruzó de brazos y disfrutó del paisaje. Alrededor de 50 ancianos sonreían sobre sus sillas de ruedas, unos se saludaban con estrechones de manos, otros con abrazos fuertes. Niños y niñas se acercaban para entregarles flores de colores y muchachas jóvenes les llevaban pequeños vasos plásticos de agua. El cielo estaba muy azul, y la brisa parecía enfríarse, la arena se levantaba de golpe y algunos de ellos se cubrían los ojos; un grupo de estudiantes sacaba a escobazos a varios cangrejos que se atravesaban en el camino y los gatos callejeros se burlaban de un par de perros viejos que estaban tendidos bajo el techo de un kiosko de dulces frescos.

La alegría de un pueblo hizo vibrar la garganta de todos los presentes, que con gritos de apoyo alentaban a los ancianos, un silbato dio inicio a la carrera.

-¡Mira como avanzan! - gritó un niño a su madre

<<Mi dinero no hubiese podido comprar esto>> Pensó antes de sentir una inmensa emoción recorrer su cuerpo, antes de estallar eufórico; decidió invitarle un almuerzo al que resultara ganador.

Cristóbal no pudo resistirse más, tuvo que sonreír y disfrutar del momento. No podía quejarse; cómo hacerlo mientras disfrutaba de la reunión de los hombres en sillas de ruedas.


"Mis protestas quejumbrosas parecen balbuceos patéticos cada vez que una persona aparentemente desfavorecida consigue hacer algo sencillamente fantástico"

                                                                                                           L.F. Arias


jueves, 29 de noviembre de 2012

Una Mirada Nueva

La rutina comienza a derrumbar mi espíritu, a pesar de que disfruto de ella me siento cansado, no tan seco como una pasa, pero lo suficientemente seco como para dejar de mojar con mi personalidad a todos los que me rodean. Camino derecho a ese lugar al que sabía que me dirigía, pero al cual no quería llegar tan rápido.

Cuando estoy en movimiento me siento vivo, la idea de la sola espera estéril sonroja mis cachetes, me arruina el rato; no nací para asarme bajo el sol esperando por algo; por eso camino, camino y camino, no me duelen los pies, no se inquieten, lo disfruto. La brisa me agita el cabello y acomodarlo me molesta.

Saben, necesito algo nuevo. Quizás sentir arder el fuego. Quizás necesite algo que no consigo explicar. Los ojos se me cierran, ella aparece mientras los abro y la descubro, una nueva presencia; estoy deleitado, me siento un poco apenado.

Zapatos de tacón alto y una roja cabellera resaltan sus otros rasgos, no menos hermosos; ojos verdes como el agua , casi puedo ver como me reflejo en ellos, así como en su sonrisa. Es bella y es mía, aunque no lo sepa. 

Su sonrisa se apaga.

Eso necesitaba, una mirada nueva, una presencia nueva; el despertar de mis sentidos dormidos, no puede ser que de a poco me vuelva un tipo aburrido.

Ella se aleja.

Adiós, musa. Es hora de dormir.  

L.F. Arias

domingo, 18 de noviembre de 2012

Él Gritó

Llegaba él a casa gritando como un loco, maldiciendo al sol, a su madre y al gato. Ya era de tarde, un duro día en el trabajo, dirigiendo esclavos, verlos cargar todo el peso de una vida entera sin conocer la libertad lo hacía feliz, lo hacía sentirse afortunado; mi padre era un maldito tirano, un hombre egoísta y poco bondadoso; mi padre aún vive. Solo.

Mi padre gritaba sin parar, estaba lleno de ira; nunca lo podré comprender, es un hombre al que la vida siempre le ha sonreído, está bendecido, a pesar de que nunca ha querido comprender que los momentos hay que aprovecharlos, la suerte no va a durar por siempre y esas personas que están allí para soportar tus arranques eventualmente se cansan y se van. Hasta donde sé él continúa creyendo que está maldito.

Sus ojos verdes estaban a punto de explotar sin un motivo aparente, pero es verdad, siempre hay una razón para todo. El silencio a su alrededor nunca le gustó, él necesitaba hacer ruido para sentirse acompañado, gemía al dormir, ¿acaso podía ser de otra manera? Todo lo que uno hace mal viene a ti en esos momentos de descanso, cuando la cabeza está fría; yo siempre he dormido muy tranquilo.

Arrojó su bolso a un lado y golpeó la pared. Yo sé que queda algo bueno dentro de él, hasta el bicho más desgraciado posee la más mínima partícula de bondad, así nos envía dios a este mundo; somos lienzos en blanco que con el paso de los días se manchan. De una mancha a otra mancha, algunos resaltamos, llevamos en nuestros cuerpos marcas que nos hacen obras de arte.

Revisó sus bolsillos y sacó un cigarrillo, un fósforo y gimió como un animal ansioso. Él prefiere olvidarlo, pero no puede forzarnos a todos los demás a hacer lo mismo, no se mirará al espejo para autoevaluarse, no va a juzgarse, en cambio preferirá siempre juzgarnos a todos, a los chinos, amarillos y sucios; a los gringos, viles ratas, lo más terrible que le pasó al mundo; negros... Pobres.

El humo lo calmó.

Me confesó que yo era el culpable, que me amaba, pero que yo no era un buen hombre. Su rostro estaba un poco manchado, por mi culpa él se había golpeado la cabeza con una rama... Por mi culpa; maldijo a su madre por mi culpa, escupió sobre el apellido que aún lleva con desgano por mi culpa, él había siempre sido un fracaso por mi culpa. ¿Por mi culpa dijo?

Yo me reí.

Esa fue la última vez que vi a mi padre.


"Aún espero el día en el que mi padre me haga sentir orgulloso,
 a veces parece más un hijo malcriado".
L.F. Arias.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Un Final Inconcluso

Se acercaba a mí de nuevo su fantasma, estaba tan pálido... se sentía tan frío... dejaba de ser divertido y daba miedo; se estaba riendo, se reía de mí.

-¿Así que sigues pensando en mí? - me dijo con su voz gruesa
-Eh...
-¡Ah! vamos... no te irás a despertar...
-¿Me dejarás olvidarte?
-Cuando lo pidas, princesita - me respondió cortésmente
-Cuando lo pida...

Las calles comenzaron a diluirse y el cielo se abrió, el rostro de Ramsés se entristeció, todo pasaba otra vez, de nuevo nos separaríamos, estaba ocurriendo, volvería a despertarme sola. 

Mi cuarto estaba muy oscuro, según el reloj de mi mesa de noche eran las 3:33am, suspiré triste. Las cosas suelen ser difíciles de comprender en ciertas oportunidades, al igual que las heridas son casi siempre difíciles de curar; cicatrices... mi piel es un lienzo limpio, pero mi corazón parece haber sido el terreno en el que se disputó la tercera guerra mundial, lleno de marcas, cicatrices permanentes; el tiempo no las va a borrar, eso es una mentira, el tiempo no borra las cicatrices porque nosotros somos quienes somos gracias a ellas.

Las teclas de mi celular sonaban más fuerte de lo que recordaba, por lo menos combatían ese silencio aterrador que me rodeaba, sabía que Sofía no me iba a responder ese mensaje, ya estaba cansada de escuchar la misma historia; Ramsés se había ido, debía pasar la página, pero es muy fácil decirlo si nunca has sido devorada por las fauces del amor. Siento lástima por tí, Sofía, algún día podrás entenderlo; pueden pasar años, pero siempre el amor nos encuentra, después de eso todo se vuelve un final inconcluso, todo está por terminar en cualquier momento... en cualquier momento.

Esa no fue la primera ocasión en la que Ramsés se aparecía en mis sueños, siempre me asustaba, ¿por qué temerle? No lo sé, era intimidante, cada palabra que sale de su boca impone mucho respeto, sólo podrían entenderlo aquellos que hayan hablado con un fantasma. Yo pensé que él sería el primero y el último, pero se fue muy rápido.

Noviembre es un mes frío, un mes que siempre ha sido opacado por diciembre y su navidad; ya no me gusta la navidad. 

Hoy lo extraño como lo extrañé el primer día, como lo extrañé ayer; hoy lo extraño como lo voy a extrañar mañana y como lo voy a extrañar por el resto de mi vida; hoy extraño a Ramsés como nunca pensé que podría llegar a extrañar a un hombre. Me hace falta su olor, su tacto, sus palabras y sus quejas; Me hacen falta sus miradas, sus bromas pesadas y sus besos; me hacen falta sus reclamos y sus celebraciones odiosas cuando me ganaba algún juego en el nintendo wii. Su cabello alborotado, sus dientes casi perfectos, extraño la voz ronca que invade mis sueños y me hace sentir un frío de muerte.

Sé que él no va a regresar, ya no va a intentar colarse en la ducha conmigo ni me va a preparar el almuerzo. Ramsés... siempre tan arrogante, con la confianza de que a pesar de que todo podía terminar él apenas estaba comenzando, tan equivocado... pero no tiene sentido. Ya nada tiene sentido, la vida es un final inconcluso desde que comienza, nos levantamos esperando a que nos den la estocada final, nos ilusionamos con esos destellos brillantes de luz al final del camino, con sonrisas, con voces dulces, besos y demás. Estas son palabras que no significan nada, son palabras de una joven confundida, y sí ¿Por qué no?, enamorada de un hombre que ya no es capaz de respirar el mismo aire que respiramos todos. 

Te extraño.

"El día que ya no puedas admirar sus virtudes extrañarás hasta sus defectos"
                                                                                                  L.F. Arias.

Su primera visita - 2010