Surf en SD

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La vida está en el camino.

lunes, 26 de octubre de 2015

¿Todavía soñarás conmigo?

A veces llega el momento de decir adiós. Un adiós rotundo, no un acostumbrado “hasta luego”. Es natural encontrarnos siempre con una despedida que no deseamos, porque nada parece ser eterno y el anhelado “para siempre” resulta ser una ilusión que, tal cual una amputación, duele cuando te cortan y se agudiza cada vez que apreciamos el vacío en donde eso que estaba ya no estará más.

En ocasiones, no alcanza el tiempo para demostrar lo que sentimos. Las noches se hacen cortas y los días se extinguen como un fuego naciente, uno que prematuramente desaparece a la vista. Es algo normal el silencio, cuando nuestra lengua solo se mueve mientras nuestros labios están sellados, no salen las palabras y nuestros pechos se convierten de pronto en cajas fuertes; en bombas de tiempo que algún  día estallarán en llanto nostálgico mientras vemos partir el tren desde lados opuestos de la ventana.


Ha ocurrido que los ojos no ven aun estando abiertos. Las siluetas danzan en el exterior, pero no hay rostros ni sonrisas. No queremos ver, para poder dudar de las situaciones. La duda nos da el margen de error que necesitamos para morir en la agonía de un suspiro, y morir nos gusta. Morir es un placer hasta que la flor se marchita y la belleza de sus pétalos desaparece.


A veces nos ahogamos en un mar de infelicidad. Nunca nos enseñan a nadar. Nunca nadie cree en la inundación sino hasta que se encuentra sepultado bajo el agua. Las emociones se desbordan y el amor se transforma en rencor y éste en cariño, la luz pasa a ser oscuridad y después nos ilumina la comprensión. Todo lo bueno se vuelve malo y después se transforma en algo más. Todo en nuestro mundo está propenso a derrumbarse, pero no significa que no podamos volver a levantarlo cuando pase el temblor.

Alguna que otra vez hablamos de finales felices, ¿Cómo podemos hablar de finales así? Lo bueno nunca debería terminar, lo bueno debería durar por siempre, ¿Por siempre? Eso es una ilusión. Esa es la raíz del problema, sabemos que el partido dura noventa minutos, pero siempre queremos llegar hasta los penaltis, jugamos al empate, al cero a cero. Yo nunca he visto un final feliz después de una definición por penaltis. Yo nunca he sido feliz con algo que se termina, porque si era capaz de transmitir felicidad, si se sentía bien, entonces nunca debió terminar. 

Siempre alguien sufre. Es la crueldad que mueve al mundo, son las cuatro ruedas del carrito que nos transporta del nacimiento a la muerte. Los caminos se tuercen para mí. El destino ya no está a la vista y de nuevo comprendo la cruda realidad: “A veces deja de ser a veces y siempre deja de ser siempre, cuando las líneas del tiempo se cruzan y tú y yo nos quedamos atrapados en medio del colapso de nuestras creencias”.

Continuamente espero la sentencia con los ojos cerrados y los oídos atentos. Sentir como el filo del hacha corta el viento que transita por el espacio que separa al arma del verdugo de mi cuello me genera una poderosa excitación. Me genera un miedo que carcome mis entrañas. Me quedo esperando por ti, sabiendo que tú ya has estado esperando por mí. Estamos en el mismo sitio, pero ya no nos vemos. Es así como sé que la brisa en el andén ha aumentado porque el tren se acerca. Es así como tu sonrisa lejana se pierde entre la multitud y el “por siempre” se apaga.



Por momentos no me encuentro ni yo mismo, para luego reencontrarme viendo como meneas la mano derecha desde el otro lado de la ventana mientras el tren se aleja. Sueño con un mundo sin despedidas. Sueño despierto con conciliar el sueño y que en ese sueño aparezcas tú y el “por siempre” vuelva a encenderse para siempre.

Sucede seguido que sueño contigo. Sueño conque cogemos nuestras maletas y marchamos hacía el horizonte juntos. Sueño con una vida en la que el final nos agarrará viejos y satisfechos. Sueño contigo vistiendo trajes de baño enteros y sombreros anchos que cubran la delicada piel de tu rostro del sol caribeño. Sueño conmigo soñando contigo y que tú sueñas conmigo. Te sueño despierto. Anhelo tus labios y de pronto me sorprendo temiendo que algún de ellos escuche un “adiós”. 



De nuevo me descubro con miedo.

Pasan muchas cosas, pero ninguna es rutinaria, salvo el hecho de que siempre eres protagonista en las diferentes películas que mi viciosa menta crea, produce y dirige para mi entretenimiento.

Ven conmigo y olvidemos mis letras, mis palabras, mis miedos y mis sinsentidos. Acompáñame en la tarea de borrar todo esto que he expresado y dame inspiración para iniciar un nuevo párrafo feliz. Porque si bien tú no dependes de mí y yo no dependo de ti, eres la chispa que me enciende y la somnolencia capaz de hacer que en un abrir y cerrar de ojos, el conductor del tren que se desplaza lejos del andén en el que te despides de mí se duerma y mi viaje termine con repetidos giros trágicos y una explosión. Y Cuando las historias terminan con fuego, después de un tiempo solo quedan cenizas para recordar lo que fue.

El andén se ha quedado atrás. Parece que hemos perdido. Se apagan las luces. Todo termina y las palabras que te dije se las ha llevado el viento. Podríamos dar por hecho que la belleza del “por siempre” se marchitó. Podríamos darlo por hecho porque tú has decidido quedarte allá y yo he decidido estar acá. Porque mientras uno de los dos vuela, el otro quiere caminar. Porque el agua nos llega hasta el cuello y mientras uno nada al norte, el otro nada al sur. Pero no lo quiero dar por hecho.

Soñaré con tu recuerdo hasta la próxima estación, y si todavía sigo vivo, haré lo mismo hasta que las estaciones terminen y el tren de vuelta en la dirección en la cual meneabas tu mano a manera de despedida. Porque me rehúso a aceptarte lejos, puedo decir en conclusión que a veces no creo en las despedidas. Solo una incógnita queda en el aire, una variable "Y", un hilo suelto que muta en una simple interrogación: “¿Todavía soñarás conmigo?”. Me gusta pensar que a veces lo haces. 



lunes, 6 de abril de 2015

Estoy Aquí

     La frustración ha llegado metida en una caja forrada en papel de regalo; papel estampado con sonrisas hipócritas, globos y gorritos rojos y amarillos. El obsequio inesperado del fracaso. La ilusión de una victoria vacía, derrota moral conseguida con arañazos y gritos ásperos a los cuatro vientos. La música me embriaga lentamente, todo se transforma en oscuridad porque las luces que permanecen encendidas  están viciadas… porque ya correr no tiene sentido. Caminar es lo único que me queda.
     "El fracaso es un estado de ánimo" dicen quienes desean nuestro bienestar emocional, afirman que no existe y niegan que alguna vez lo hayan sentido. El agua les llega hasta el cuello. Un rinoceronte blanco inicia una estampida en sus salas de estar y el ruido les interrumpe el audio de sus comedias televisivas favoritas. Suben el volumen al máximo. Ellos escuchan solo lo que quieren escuchar y pretenden enseñarnos “la manera”, más bien “su manera” de entender una vida llena de trampas diseñadas por los titiriteros de la élite social.
     El descontento de sentirme el ganador con derecho de algo que me merezco, pero por supuesto, si es que no me han enseñado nunca a ganar; es por eso que corro al lado de los perdedores para darles palmadas en sus espaldas y hacerlos sentir mejor. He estado allí tantas veces que ya comienzo a creerme la realidad de que muy posiblemente las victorias no llegarán muy a menudo. Es una paradoja eterna, sí… la de ganar y aun sentirme como si mereciera haber perdido.
     La derrota es para mí el regocijo cobarde que inunda mi corazón todas las noches antes de caer inconsciente. La cobija es demasiado corta para protegerme de las debilidades de mi mente, el frío se mete por las plantas de mis pies y termina haciendo corto circuito con mis ideas confusas. Sueño con espejos reflejando mis ojos oscuros. Sueño muy poco, pero cuando lo hago crujen mis muelan, rechino mis dientes por el estrés. Sufriré un colapso antes de que alguien pueda evitarlo. Sufriré al partir antes de que alguien lo note porque soy silencioso al abandonar las habitaciones.
     El baile llega a mí cuando están por quebrarse mis rodillas. Nadie está cerca para evitar la estruendosa caída, pues todos están allí para verme chocar la nariz contra el suelo de concreto. El baile llega al ritmo de la percusión, tiemblo en el aire porque estoy saltando. Salto cada vez más alto mientras pienso en las mujeres que creí  haber amado; y en las que no. Sacudo mi cabeza cobardemente cuando me descubro a mí mismo con miedo a admitirlo, con temor a gritarlo. Caigo y de nuevo estoy solo.
     La música ruge, el público clama por mi intervención. Es habitual, es habitual que sea el hablador de la fiesta. Es recurrente… sonreír, coquetear, beber y perder los estribos. El bajo me hace sentir el sismo debajo de mis pies descalzos, sigo en cama… ¿en cuál cama? Son ya las 3:00 a.m. y la guitarra anuncia una entrada. Soy yo. Es ella. Es su silueta desplazándose lentamente hacia mí. Es mi lengua hinchándose por la excitación. ¿Estoy en el cielo? No.
     El engaño es la ilusión que me hace pretender que todo transcurre como debiera. Es la voz que me guía de vuelta a una realidad que amo tanto como la detesto, es el calor que de pronto se siente frío mientras transpiro por motivo de una asfixiante desesperación. ¿Quién soy?  Un hombre joven en pleno tránsito esquivando los carros de carreras; las banderas a cuadros. Soy la voz que se quiebra por motivo del placer que en ocasiones me resulta ajeno, porque estoy tan habituado a rendirme que me cuesta asumirlo como mío. Me cuesta aceptar ese regalo que me da ella. De allí a que ella susurre, apriete sus labios, rasguñe mi pecho y se aburra tras tan solo 15 segundos de mi abrumadora insatisfacción. Me cansa, me angustia, me decepciona esta perpetua insatisfacción.
     ¿Dónde estoy? Quiero creer que en donde debería estar, pero detrás de ese deseo insulso yo sé que no es así. Ahora ya sale a la luz esa verdad. ¿Qué se supone que debo hacer? Nadie debe ayudarme a responder esa pregunta. Lo repito: Me aburre, me angustia, me decepciona esta perpetua insatisfacción. Me enferma esta situación.

martes, 3 de febrero de 2015

Sonriente

La sonrisa que funciona como muralla, a veces se rompe, y cuando eso sucede me escondo. No vale la pena extenderse demasiado en una explicación, que bien puede realizarse de una manera bastante sencilla; si ya no se puede sonreír cuando las cosas no están saliendo bien, es entonces mejor retirarse a planificar una mejor estrategia. No necesariamente se podría asumir que huyo de los problemas, por el contrario, decido enfrentarlos por mi cuenta, como un vaquero.

Son seis las balas que carga mi revólver, algunas cuantas libras de peso. Nada para un brazo derecho bien entrenado en las artes de subir y bajar la muñeca; eso sin mencionar a los dedos mallugados de tanto teclear a lo largo de la semana. Una correa gruesa de la cual cuelga la funda al más salvaje estilo del oeste antiguo. Botas imaginarias que no impiden que el frío del piso me congele los pies. Estoy listo para el duelo, estoy listo para que me disparen, pues soy increíble en lo que respecta a esquivar balas enemigas.

Imagínenme sentado en una silla azul de esas que suben y bajan frente a un monitor de computador usando medias rotas en los talones y un short de jean al cual se le baja solo el cierre. Imagínenme disfrutando de fotos del pasado. Surge de pronto ese sentimiento de nostalgia al ver tantos rostros sonriendo a mi lado. Imaginen que yo empiezo a extrañarlos. Háganse una imagen mental de un rostro pintado de negro que no sonríe. Ejerciten sus capacidades imaginativas, ese rostro tenía una razón para estar tan serio.

La hipocresía del ambiente laboral enferma, es realmente infecciosa y termina ocasionándome vómitos aun cuando ya ella se ha quedado atrás. Pienso entonces, ¿será que fui yo? Sí, por supuesto que fui yo, pero eso no es lo importante. Sucede que ya el ciclo había terminado y más de uno quería dispararme por la espalda. Pido disculpas por tener una personalidad tan marcada, pido disculpas por ser tan peculiar, también aprovecho para mandarlos al carajo. No a todos, por supuesto que no, solo a un par de personajes que ahora describiré para continuar con nuestros ejercicios de creatividad.

Vamos a referirnos al villano número 1. Asumamos que su nombre es Macónri, una serpiente de lengua afilada. Muy bien, esta bestia disfruta de pasarse las tardes reptando por los callejones del pueblo en busca de víctimas a las cuales infectar con su veneno multicolor. Macónri, adora las camisetas ajustadas y te adula constantemente. Lo que no sabía Macónri es que mi arma estaba lista, lo que no sabía Macónri es que yo iba a partir antes de sufrir una picadura mortal. Lo que todavía no sabe Macónri es que no importa que tan rápido repte, se arrastre o nade, no podrá alcanzarme.

Vamos a referirnos a una víctima de la serpiente de camisetas ajustadas, alias Macónri; tenemos a Jazmín, una vaquera rebelde y de atrevidos pantalones de jean. Jazmín, pobre, dispara sin saber porqué, se contonea esperando adulaciones y respeto, mientras que el veneno de la hipocresía le corrompe cada Padre Nuestro matutino. Mandíbula de acero, le rechinan las muelas postizas y me apunta. Dispara a matar.

La sonrisa que funciona como muralla es más que un escudo, es un arma, es un engaño. Es la sombra que me cubre durante los días soleados, es la puerta secreta que nadie ha abierto. Es la carta que sirve para fundamentar mi truco antes de cantar una mano de póker ganadora. ¡A chupar se pueden ir! Hoy no será el día de mi muerte. La locura que corre por mis venas me mantiene vivo, me permite gozar de cada instante de la manera que cada uno merece ser gozado.

Imagínenme sentado en una silla de acero. Estoy usando unos pantalones azules y si gustan, imaginen algunos pelos de gato pegados en el área de los bolsillos. Eso es culpa de Alicia, mi compañera felina. Imaginen que uso una camisa blanca de rayas finas azules y una corbata oscura. Así me vestí el 15 de julio. Mis cabellos rizados se agitaron por la brisa y me lo disfruté. Fue una mañana tensa, ya no quería estar allí, pero tocaba continuar. Esa tarde conocí a un hombre que me ofreció la oportunidad de escapar y afrontar nuevos retos. Serían meses para descubrir que no tenía sentido permanecer atrapado, para armarme de valor y asumir que el final estaba cerca.

La historia avanzaba hasta el día 30 de octubre, cuando el rostro amargado me miraba fijamente a los ojos, cuando esa maldita serpiente fingía permanecer sumisa cuando ya sabía que la tormenta venía. Se movieron las ramas de los árboles y fui arrastrado por un tsunami. La trampa me la hicieron a mí. Pero resultaba ser que eso no me molestaba, resultaba ser que cada vez que me asfixiaba bajo el agua me sentía más libre. Tras morir esa parte de mí que quería ver muerta pude finalmente librarme de tantas emociones negativas. No podría explicarlo en palabras sin terminar armándome con un bate y yendo a partir unos cuantos rostros a la calle, lo que terminaría conmigo dentro de una celda compartida con unos 40 reclusos porque estamos en el tercer mundo.

No tiene sentido recordar las pesadillas. Ni que me entusiasmara asustarme de nuevo. Ya he despertado y me siento como un león, no como el eliminado equipo de béisbol, sino como la bestia que despedaza a sus víctimas bajo el abrazador calor africano. Hoy me siento feliz por el lugar en el que me encuentro. Hoy me siento contento con las personas que todavía permanecen en mi manada. Hoy solo he recordado a Macónri y a Jazmín por viejas fotos que todavía poseo porque soy un idiota acumulador de recuerdos.

Hoy veo mi sonrisa en algunas de estas fotos y se vienen a mi cabeza tantos recuerdos. Hoy me veo ahí parado al lado de algunas personas con las cuales no debí haber cometido el error de posar. Pero así soy yo; disfruto haciendo cosas incomprensibles. Yo sabía que algún día iba a mirar al pasado para recordar y me iba a gozar ese momento, porque ya estaría en el camino correcto mientras que las demás hormigas continuarían levantando las migajas. Allí está su rostro, en sus ojos se esconde la emoción de saber que me había quitado del medio y en los míos se nota claramente que aquella era una ansiada despedida.

Imagínenme ahora sonriente, rascándome la cabeza y pasando foto tras foto, sintiéndome como un vaquero esquivando balas. Sintiéndome como un león devorando a sus presas, sintiéndome satisfecho. Imaginen que todas mis seis balas dibujaron la silueta de Jazmín en un muro detrás de ella. Se le cayó la mandíbula y soltó su arma. Ambos viviremos para contarlo. Ambos somos ganadores esta noche.

Allí lo tienen, puede que me vean sonriendo, pero no saben que dentro de mi cabeza están pasando muchas cosas. Pero no saben si de hecho estamos acá conociéndonos mejor gracias a una lectura amena. Nadie lo sabe, quizá ya la vida haya terminado. Nadie sabe qué es lo que está pasando y eso es lo que lo hace divertido, eso es lo que hace que este tiempo que invierten de hecho ha sido de provecho y eso no es lo importante. Lo importante es que crean que así fue. Lo que cierra esta cantidad soberbia de cháchara es la idea central de que deben siempre confiar en que se encuentran en el camino correcto, porque solo con fe se llega a la tierra prometida, así se encuentre ésta en el medio del mar, en la cima de una montaña, entre un par de hermosas piernas o incluso se encuentre este lugar debajo de sus almohadas. A lo mejor solo lo encuentran en sus sueños.


Lo mejor es lo que pasa, mis amigos.


L.F. Arias (11-2014)

lunes, 22 de diciembre de 2014

Familia

      Sucede de pronto que el sonido de la puerta al cerrarse de golpe se hace más fuerte, más y  más fuerte mientras me alejo de casa; podría esto ser ocasiona debido a que ya duele la distancia que crece a cada paso y me separa de mi familia. Sucede de pronto que las sombras se apoderan de mi camino al trabajo, todo se torna más y más oscuro; podría ser esto posible  debido a que comienza a sentirse la nostalgia que crece a cada paso y me aprieta el corazón.

     A veces en la vida los caminos se dividen y enormes bosques frondosos y verdes surgen del suelo creando una enorme separación, un muro natural impenetrable. A veces en la vida toca tomar decisiones importantes, toca separarnos de todo aquello que siempre ha estado allí aun cuando no nos tomáramos la molestia de darle importancia.

     La familia es el núcleo social que nos nutre como personas, a veces lo hace bien y a veces mal. Es nuestro primer grupo de amigos, algunos nos caen bien y otros no tanto; pero como buenos, y fieles, amigos siempre están allí para reírse de nuestros tropiezos y animarnos a ponernos de pie. La familia es esa manada de la cual nadie se separa cuando es temporada de caza; es una llamada cuando sale la luna y todavía no retornamos al hogar, es una sonrisa de domingo viendo la televisión y un grito de alegría tras una victoria en un juego de mesa. Esa es la familia, la que nunca te abandona ni en las buenas ni en las malas.

     Ocurre que las sirenas de los carros se hacen mudas y el smog de sus tubos de escape no molesta a mi nariz; podría esto ser posible porque he comenzado a extrañarlos. Ocurre que las agujas de mi reloj se mueven lento y los minutos no quieren avanzar; podría ser esto posible debido a que los días sin ellos son eternos y, de hecho, ellos ya no están.

     Algunas veces en la vida toca dejarlo todo atrás, ropas, fotografías y maneras de pensar; absolutamente todo. En algunas ocasiones los nuevos destinos simplemente se aparecen y nos obligan a decidir, nos prometen placeres que tan solo parecían posibles en nuestros sueños, nos prometen mujeres, u hombres, con quienes ni se nos cruzó por nuestras cabezas que podrían acompañarnos. Los nuevos destinos… desconocidos finales.

     La familia es la alegría que baña nuestros días; son esas personas que desean nuestro éxito, así lo hagan en secreto, y celebran con nosotros al final de la semana. Son las reuniones anuales y todas las historias por contar en tales eventos, son los brindis y los bailes, incluso la navidad. La familia es la garra necesaria con la cual afrontamos nuestros miedos, es esa energía que nos impulsa desde las gradas cuando parece que finalmente no lo vamos a lograr. Esa es la familia, la que nunca te abandona ni en las buenas ni  en las malas.

      Hoy el sol no brilla como siempre, la brisa tampoco refresca; podría ser porque la fecha ha llegado, la fecha temida por una persona con sentimientos encontrados. Esta mañana los perros no ladraron alegres y el agua de la ducha se sintió fría; podría esto haber sido ocasionado debido a que el destino llegó y ellos se han marchado. Hoy me he quedado solo, así como tantas veces deseé erróneamente; hoy me sentí solitario en la mesa y sin apetito mastiqué un simplón desayuno mientras recordaba el último abrazo dado antes de dejarlos partir.

     La familia es esa que se extraña a cada segundo cuando no están en casa, es esa a la que se espera a cada minuto cuando todavía no llegan, es esa  a la que uno quiere aun cuando provoque matarlos, porque es que no se puede negar que a veces no parecemos pertenecer al mismo equipo. Así se define a la familia, como la solución del problema, como el amor que llena y la meta que se persigue desde el primer momento, desde la primera sonrisa, el primer abrazo y la primera vez que escuchamos un “te quiero”.

     Los días ahora son largos, son caminos solitarios con destinos desconocidos. Esto es así, sin duda, debido a que ya los quiero de vuelta y ellos apenas se acaban de marchar.


     Hasta pronto.

De principio a fin con ustedes.

jueves, 12 de junio de 2014

Una Flor

     Acá estamos, es el momento en el que nos encontramos en el final del camino, un camino que se divide, que nos divide. Me encuentro con mis manos ocupadas, una sostiene una flor y la otra una roca; roca de la cual me desprenderé en tan solo un abrir y cerrar de ojos, una roca que cargo sin saber realmente por qué. Mi mirada estudia tus gestos, los dos sabemos que no quieres partir, pero que estoy en la obligación de no interponerme, porque sería cruel el forzar tu permanencia en un estadio que ya se ha hecho muy pequeño, en el cual ya has brillado todo lo que tenías que brillar, y en el cual yo no he sido digno merecedor de tu gloria.

     Sí, acá estamos, compartiendo unos minutos que se alargan demasiado, tú detestas las despedidas de borrachos y yo detesto la idea de resignarme con esta derrota. Tú tan bella y yo tan, tan, y yo tan miserable. Soy tu admirador aunque cuando llega el momento de abrazarnos no dure mucho porque me das demasiado calor.

     Es así como de pronto compartimos una cama individual, con sonrisas infantiles e intenciones un poco más adultas; así como te endulcé el oído tantas veces para encontrarnos de pronto en medio de una ardiente pasión; vaya noches aquellas en las que te dejaba doliendo las piernas y pidiendo repetición, vaya noches de fiesta, en las cuales el manso ganso se convertía en un halcón, en las que el lobo se descubría de su piel de oveja inocente y cenaba cual glotón. Vaya noches que ahora lucen lejanas, vaya noches, mi amor.

     Suelto la roca resignado, hoy me encuentro con que soy el perdedor, el perdedor de siempre que se reencuentra con su destino, el destino de perderte. Vaya días se vienen, días de desolación; días en los que la vida me maltratará, así será, no tendré ángel que me proteja, no estarás tú; no, no estarás tú.

     Ya caminas, ya te alejas, ya disfrutas de tu libertad, y es que te mantuve presa, sumisa, vivías a mi voluntad; y no estaba bien, nunca podría haber estado bien, porque no naciste para  esto. Duele finalmente admitir que tu partida es lo más sano para los dos, es la salida que tanto hemos buscado, es el milagroso resultado del capullo que se abre, eres tú, un bello ángel de alas grandes. Eres tú, y tu partida es nuestra salvación.

     Ya volteas a mirarme, es una agridulce sensación. Saber que es correcto lo que hacemos aún cuando uno de los dos no esté satisfecho; pero tendríamos que pensar en qué podría satisfacernos a los dos, no hay tal cosa, no es posible, porque siempre tiene que haber un perdedor, y el perdedor no se lleva a casa un trofeo, se lleva en cambio una flor, una flor que se marchita, a la cual no la salva ni el sol. Una flor cuyos pétalos se arrugan muy rápido, me genera mucha desesperación, el saber que cuando muera, tu recuerdo se borrará, tu risa muda se volverá, tu tacto… será como si nunca pasó, y así entonces nuestro amor, nuestro amor caerá en el olvido, porque no podría vivir el resto de mis días con un corazón roto.

     Con tu nombre he bautizado a esta flor. Arrancaré uno a uno sus pétalos de camino a casa, mi amor, para que cuando llegue todo sea como cuando todavía no existías. Porque siendo un hombre incompleto puedo vivir pretendiendo que nunca gocé de la fortuna de encontrarte, de encontrar a mi otra mitad; puedo vivir engañado, ignorante. Pero vivir recordándote, no, mi Dios, no puedo. Prefiero ir desprendiendo estos  pétalos, rogando que sean impares, para empezar con un te quiero y terminar igual. Siento como la brisa me arroja un beso que se escurre por mi mejilla izquierda y sigue su camino hasta alojarse en las sombras que hacen vida en mi pecho. Te siento sin conocerte, soñando tontamente con encontrarte, ilusionado con la vida que alguna vez cruzará mi camino con el tuyo para que entonces podamos volverlo a intentar; tú sabiendo que soy un idiota y yo teniendo nuevas oportunidades de abrazarte hasta que mi corazón se derrita con el calor que emana tu piel blanca durante los días calurosos.

     Primer pétalo cae, así siguen los demás, cada uno agranda el misterio, espero sepas adónde vas, porque si mi plan llega a puerto de mi no te vas a escapar, porque esta flor, ya ha muerto y el reloj ha comenzado a andar.

     Ahora solo tengo un sueño, es el sueño de poderla encontrar. Mi Flor amada, así se llamaría ella, tendría mejillas coloradas y una silueta discreta que luciría cada tarde al borde de mi cama. Flor se llamaría ella, si la pudiese encontrar, mi vida sería bella, y nunca, nunca, nunca, la podría olvidar.

    ¡Pero mira, si hay 7 pétalos en el suelo! Espero que el que haya jugado con ellos haya iniciado con un te quiero, en ese caso no habría otro final, no habría un final más hermoso, no hay sentimiento más sublime que ese que se produce bajo la ilusión del amor. No hay batalla que no se pueda librar si uno la tiene a ella; Flor se llamaría ella, si la pudiese algún día encontrar, no sería más un hombre incompleto, yo nunca, nunca, nunca, la dejaría escapar; sería mi amor eterno, y con eterno me refiero a que no tendría final. Me encuentro perdido en un camino que se me hace familiar, quizá si sigo el sendero en el que se encuentra esa roca el destino me pueda premiar.

     No tengo nada que perder, sin embargo tengo mucho por avanzar. Voy sin miedo, a mi Flor voy a encontrar.



     ¿Ustedes creen en las segundas oportunidades?


viernes, 16 de mayo de 2014

Despidiendo a una Amiga

Como un ardor muy fuerte, como una abertura en el medio de mi esternón, como una esperanza que se quiebra poco a poco contra los muros de una petición indecorosa; así se siente estar sentado frente a ella en estos momentos. Mis ojos encuentran los suyos y no puedo evitar este sentimiento de culpa que me posee, que se me monta sobre los hombros y me hunde; siento vergüenza por esto, he caído en una trampa social, soy una víctima que de un minuto a otro pasará a ser victimario.

Soy un rostro escondido entre las sombras de una capucha, un cascarón vacío, una cría sin poder que sigue el mandato de la mayoría; soy un cachorro que corre hacia la jauría aun cuando no quiere pertenecer a ella. Mis ojos estudian su rostro y ella ni se lo imagina, solo sonríe nerviosa esperando recibir alguna palabra que la aliente a continuar con sus labores, pero hoy no es la tarde, hoy no es la tarde.

Mis venas se hinchan, estoy molesto; y cómo no estarlo sabiendo que soy una casa vacía, una fruta verde. Si tan solo ella pudiera utilizar sus ojos azules para mirar todo lo que estoy sintiendo dentro de mí, si tan solo ella pudiera leerme como un libro, o si pudiese ser el lapicero que escribió esas sugerencias penosas en mí, en la libreta, en la hoja de reciclaje de turno. Soy el viento cuando llega a una esquina y no se encuentra a sí mismo. Soy un suspiro que alivia y después se pierde en la inmensidad del espacio.

Mis manos tiemblan debajo de la mesa, aprieto mis rodillas para conseguir un poco de confort, pero no lo encuentro, porque soy un reo que intenta escapar, pero al que han descubierto y ahora castigan con golpes y patadas al hígado. Soy un toro que salta a la arena sabiendo que va a morir; no, es peor aún, soy un maldito torero desenvainando su espada cobarde y ella, mi amiga, es la víctima por la que corean un montón de viejas morbosas desde las gradas.

Ven a mí, dame una fuerte estocada que alivie mi pesar y me dé una excusa para huir en los brazos de los payasos. No lo harás, no lo harás, amiga, estás muerta sin saberlo y yo muero por saber. Yo muero con cada gota de sudor que rueda por mi pecho y se ve absorbida por mi camisa de cuadros azules y blancos que tú, mi amiga, acabas de alabar. Es la suerte del que ignora que el asesino lo asecha desde su escondite.

Una sonrisa suya me estrella de frente a una sensación muy poderosa de frustración, su chaleco color turquesa luce impecable, está vestida para recibir las buenas nuevas y yo soy el juez que no tiene nada bueno para decir. Un silencio incómodo aparece luego de escucharla preguntarme: ¿Hay algo que me tengas que decir?, sí, amiga, y respiro hondo, respiro buscando que ya mis pulmones no puedan recibir más aire, me ponga azul, y me asfixie… soy el torero, tengo un 90% de posibilidades de salir ileso; soy un buen torero.

Ya lo he dicho, he caído en la trampa social, mi querida amiga, parecía estar escrito que no durarías muchos minutos en estos lares, perecía decretado que la sombra de tu predecesor opacaría tu destino y es por eso que hoy debo pedirte que te vayas, porque a pesar de que te estimo, porque a pesar de que te he llegado a querer, amiga, la multitud reclama tu sacrificio para saciar su sed de odio, de maldad; para sentir que ellos y solo ellos tienen la razón en esta contienda. Así que ha llegado la hora de decir adiós, de abrazarnos y hacernos una promesa, prometernos que nos volveremos a encontrar en un futuro cercano.


Estás despedida, querida amiga, mis mejores deseos para ti.

jueves, 14 de marzo de 2013

Mentes en Formación

Así como cuando un suspiro se traslada de una boca femenina hasta la ventana más cercana, de esa manera entraba la brisa aquella mañana al salón de clases; unos doce jóvenes ocupaban los pupitres, doce mentes en formación; el profesor Argenis Mentado se paseaba de un lado al otro del pizarrón, exclamando citas bíblicas, diciendo cualquier cantidad de cosas que no venían al caso. A él le encantaban las audiencias grandes, pero no le quedaba de otra, le tocaba conformarse con esos doce muchachos; allí estaban ellos, doce mentes en formación

Ricardo, Gonzalo y Esteban habían sido amigos desde que ingresaron como nuevos a la escuela a principios del bachillerato, eran tres jóvenes promesas del fútbol, cada uno era vital en el esquema del profe Huertas - el entrenador - y él se los hacía saber siempre con orgullo "- ustedes son mis muchachos, cómo los voy a extrañar -" quizás se sentía triste porque la nueva generación carecía de talento.

María, Estefanía, Carolina y Samantha eran como hermanas desde hacía ya dos años escolares, todo lo compartían, hasta los novios, la última víctima había sido un muchacho universitario llamado José Elías, un guevón de esos a los que las mujeres utilizan como juguetes; a él le dio igual pues se terminó cogiendo a las cuatro. Vaya pendejo, ¿acaso no sabe de todas las enfermedades que tienen su nido entre las piernas de muchachitas como esas?

 Carla y Julián eran novios, ya tenían 4 meses de relación, a ella siempre le gustó él y bueno, cuando él se separó de una chiquita de tercer año le quedó el camino libre, hacían una bonita pareja joven, sobre todo porque los dos eran muy aplicados y habían sido admitidos en una de las universidades más importantes de Venezuela - el nombre me lo reservo – era una lástima su descuido en la cátedra de matemáticas.

Cristina y Ana eran lesbianas, pero eso no las hacía pareja, cuentan entre pasillos que alguna vez lo fueron, pero que al darse cuenta de que funcionaban más como amigas decidieron permanecer así. 

Oswaldo era un solitario, le gustaban los jueguitos de computadoras y ver pornografía cuando no había nadie en su casa - cosa que pasaba muy a menudo - él no valoraba a ninguno de sus compañeros de clase, y de allí es de donde nace este relato, pues ese muchacho se dio cuenta de algo que muchos dejan pasar, el sistema educativo nacional es una mierda.


- …Y porque dijo Cristo una vez mientras los romanos hijos de puta lo clavaban a una cruz... - decía el profesor Mentado
- Menos mal que es el penúltimo día de clases - aprovechaba Gonzalo para comentarle a sus compañeros en voz baja
-Sí, nuestro último día de colegio es mañana - respondía Ricardo un poco desanimado
- Cuando comience la universidad nos vamos a arrepentir - Agregaba Esteban
- ¡Muchacho gafo! - Bramó Gonzalo - si lo que se viene es tremendo año sabático 
- ¡Ajá! Gonzalo, el número diez...- el profesor Mentado siempre hacía alusión al número de su camiseta - le apuesto a que no está prestando atención a las palabras del señor

Todos los alumnos lo miraron.

-Yo, eh...
-Señor número diez, ¿nos haría el honor de pasar al frente y comentarnos acerca del espíritu santo?
-Eh...
-Eso supuse, usted es un burro, un animal que mete goles, si no fuese por eso ya ni estaría acá 

Por eso y por los incontables sobornos a profesores que había hecho durante su carrera escolar, Mentado no se equivocaba, en efecto, el señor Gonzalo formaba parte de la nueva generación basura, esa que no conoce el respeto y que por eso no respeta aquellas cosas que simplemente deben ser respetadas, no conoce ni el valor ni la importancia de la sabiduría, de la buena educación, ¿y cómo culparlo? a él nadie lo enseñó.

Solo unos cuantos se salvan, y tienen la suerte de una buena instrucción. ¿Eres uno de esos?

-Ya que el señor Gonzalo "diez" - hizo señas de comillas con sus dedos - ignora la grandeza del omnipresente y magnifico espíritu de los altos cielos, voy a darle la oportunidad de explicarnos todo a la parejita del salón - señaló con su dedo huesudo a Carla y a Julián
-Eh, bueno... - Carla no podía hablar por la sorpresa
-¡Ah! pero claro, si andan besuqueándose mientras yo hablo  
-No, qué va, profe, sí estábamos prestando atención - le refutó Julián
- Conque sí, ¿eh? Explíquemelo entonces, jovencito

Julián se levanto de su asiento.

-Bueno, señor, el espíritu santo es conciencia y sabiduría, es casi tangible, a pesar de no ser real... - uh, se equivocó al decir eso
-¿No es real? - los ojos casi se le explotan al profesor Mentado - Usted es aún más burro que el chico "diez", vaya a sentarse carajo - se cubrió la cara con la palma de su mano - Oiga, Cristina, usted sí sabe, pase al frente

Cristina miró a Ana y caminó al frente del salón.

-Este...- cruzó las piernas - yo... - miró al profesor - Yo creo que el espíritu santo es una figura divina, rica en sabiduría.
-Muy bien, Cristina - metió sus manos en los bolsillos de su pantalón azul oscuro muy desgastado - ¿Tú crees en dios?
-¿Yo?
-¡No! ¡El cacique Guacaipuro, Mijita!
-Eh... - dudó - sí
-Eso no se duda, hija, no sea brutica.

La campana sonó.

-Bueno, muchachos, mañana es el examen final de nuestra materia, ya saben, matemáticas, y de nuevo le repito que dios está en todas partes y por eso es que también está en nuestras clases numéricas - sonrió como si hubiese dicho un gran chiste - Los espero mañana temprano después del recreo, y estudien, para no llevarlos a reparación.


Las calles de una ciudad venezolana se tiñeron de colores escolares, como siempre en la hora del almuerzo. Algunos se iban a sus casas, otros se iban a reunirse con sus amigos y otros tenían asuntos que atender. 

Gonzalo fue uno de los que tenían asuntos que atender; él tenía la experiencia, el recorrido de los 5 años de bachillerato sobre sus hombros masculinos; él ya sabía que el profesor Mentado los iba a clavar, eso era inminente, por eso no estudió con Ricardo y Esteban. Perder el tiempo no estaba en sus planes.

La parejita del salón estaba ansiosa, pues la casa de Carla estaba sola aquella tarde; Julián era del tipo de muchacho bobo que no insistía mucho, pero igual no hubiese tenido que insistir porque Carla sentía un calor incontrolable entre sus piernas. Así planeaban pasar la tarde ignorando el examen del profesor Mentado, pues ellos ya también sabían que el examen estaría imposible de pasar. Perder el tiempo no estaba en sus planes.

Cristina y Ana fueron a pasear por el parque del este, eso hacían cuando no tenían nada mejor que hacer, de todas formas la mañana del día siguiente estaba escrita, ellas dos creían en el destino, eso y Ana tenía que confesarle a Cristina que había conocido a un muchacho muy apuesto el fin de semana anterior. ¿Cuestionar su sexualidad? Un drama. Perder el tiempo no estaba en sus planes.

María, Estefanía, Carolina y Samantha, hicieron lo que muchos, se reunieron en casa de un amigo, Felipe Guanches, un malandrín de esos que buscan carajitas de colegio para sentirse más hombres – un pobre perdedor – Carolina estaba muy decidida, ese muchacho mayor sería suyo, si hubiese sabido en lo que pensaban sus amigas, esas aves de carroña esperaban el desenlace de esa historia para luego abalanzarse  sobre la presa. ¿Pensaban en el examen de matemáticas? En lo personal creo que cierta parte de sus cuerpos no las dejaba pensar con claridad.

Oswaldo hizo lo que ninguno de sus compañeros; fue a casa, claro que ésta estaba vacía, lo que le supuso una breve distracción, ¡vaya muchacho! Pero dentro de lo que cabe se esforzó, él quería entrar en la universidad, a pesar de ya haber descubierto que el sistema tendía trampas, era corrupto, sucio. Las tetas de Savara Whitelung le ayudaban a sobrellevar esa frustración. ¿Para qué esforzarse si ya todo estaba escrito? El profesor Argenis Mentado era una rata vil. Los iba a raspar, pero estudiar era lo justo, eso era lo correcto, eso era lo que debía hacer. Lo hizo.


Cuando la mañana siguiente llegó, el trío de futbolistas estaba reunido en una esquina del patio, las lesbianas se retocaban el maquillaje en el baño de las chicas, la parejita se comía a besos en el salón de 4to año que siempre se quedaba despejado a esas horas y las cuatro amigas hablaban acerca de sus siguientes parejas, porque ya le tenían puestos los ojos a unos muchachos del club – Y a Felipe, que trucos no estarían dispuestas a enseñarle, les temblaban las piernitas-. Oswaldo estaba estudiando cerca del final del patio y no pudo evitar escuchar una conversación.

 - ¿La tienes? - le preguntaba Ricardo a Gonzalo
 -  Pues, claro, pendejo
 - ¿Cuando se la vamos a dar? - preguntó Esteban
 - Antes de comenzar el examen - comentó Gonzalo
 - ¿Será eso suficiente? - dudó Esteban
 - Eso fue lo que me pidió - Gonzalo  se encogió de hombros – Ahora toca esperar a ver si pasamos hoy o luego.

Ricardo y Esteban habían chocado contra algunos ejercicios del libro de Hoffmann, como les había dicho Gonzalo, no tenía caso estudiar, pues ningún dios en el que pudieran creer los iba a ayudar a pasar ese examen.

Oswaldo ya sabía lo que estaba pasando. Se alejó y se topó con Cristina y Ana, quienes salían del baño de las mujeres, muy bien maquilladas por cierto. Pudo escuchar un par de cosas.

- ¿De verdad vamos a hacer eso? – Preguntó Ana
- Sí, ya la compré, es la última materia que nos falta, ¿o quieres raspar la materia? – le respondió Cristina

Ambas le sonrieron a Oswaldo, el solitario del salón. Él ya sabía lo que pasaba. Siguió caminando.

Por cuestiones de distribución de las aulas, pasar cerca del salón de 4to año era inevitable, y la tentación de mirar hacia dentro era muy grande; algunos ruidos de esos que él tantas veces había escuchado salir de su computadora lo invitaban. Lo que vio era parecido a lo que esperaba ver, digamos que así se había imaginado los senos de Carla en sus ratos de ocio, no se veían mal, pero no debía quedarse mirando, eso no estaba bien. Se alejó y siguió caminando, era evidente que a ellos poco les importaba el examen del profesor Mentado.

¿Saben? Ese es nuestro sistema, y esta es nuestra verdad, mentes en formación están siendo deformadas todos los días, quizás hasta nos ha pasado y no nos damos cuenta; Oswaldo sí se dio cuenta. ¿Cómo es posible que para repetir un grado un alumno de bachillerato tenga derecho a diez mil repeticiones? Esa es la razón de nuestros bachilleres mediocres, porque el colegio no pasa por ellos, ellos solamente pasan por el colegio y calientan sus pupitres.

El timbre sonó al tiempo que Oswaldo estaba llegando al marco de la puerta del salón de matemáticas, allí estaban María, Etefanía, Carolina y Samantha, debo agregar que ellas siempre eran las últimas en llegar a clases, y que quizás la única fórmula que conocían era esa que muchos se toman a chiste, dos idiotas haciendo el amor es igual a un embarazo - Carolina ya había pasado por un aborto - y esa es nuestra verdad, esa es la pobreza, esa es la miseria de una sociedad que no funciona. Hogares rotos, muchos de ellos. Piernas abiertas, que no se cierran.

Oswaldo temía que lo que él pensaba fuese una verdad, prefería pensar que no; él tampoco era un santo, si abren su gaveta del cuarto verán algunas de sus revistas favoritas. Pervertido.

El examen comenzó catorce minutos después.

Pasó una hora. La parejita se veía acalorada, ciertamente no tenían cabeza para afrontar el examen; los futbolistas tampoco, parecían cavernícolas luchando contra una bestia. Ellos cinco entregaron primero.

Quince minutos después cayeron Cristina y Ana, eso se veía venir, se pasaron todo el examen mirando los enunciados, cualquiera hubiese pensado que no sabían hablar o leer en el idioma español.

Las señoritas María y Carolina fueron las primeras en entregar de su grupo, creo que las destrozaron con la simple pregunta uno, pobrecitas, luego sus dos amigas cayeron derrotadas también.

Oswaldo luchó durante dos horas, se pasó los primeros quince minutos tratando de sacarse imágenes lascivas de su cabeza propensa a distraerse, pero cuando lo consiguió se enfocó en la parte sencilla del examen, la resolvió y luego continuó con lo difícil. Fueron dos horas de agonía.

El profesor Mentado los bombardeó con polinomios, radicación, ecuaciones de segundo grado con una incógnita, sumatorias, inecuaciones y otras vergas, un examen para dejarlos knocked-out a todos, menos mal que no quería llevarlos a reparación. Creo que si alguien lamentó más ese examen fue su mamá, porque los doce estudiantes le mentaron la madre mentalmente.

Fueron dos horas de agonía en lo que pudiese haber sido el último día de clases si pasaban matemáticas, pero no, nadie pasó el examen, la mejor nota fue un 08 de Oswaldo, el pobre muchacho no pudo; no vale la pena mencionar las demás notas.

-Dan pena, jóvenes - les dijo el profesor Mentado después de corregir los exámenes rápidamente - ¿ustedes creen en dios?

Todos respondieron que sí al unísono. 

-Entonces pónganse a rezar porque el examen de reparación va a estar candela, van a quedar viendo números por días - soltó una enorme carcajada - hasta la próxima semana 

Muchas cosas sucedieron durante esos días, cosas que como todo lo que es malo, se esparcieron a muchos oídos, incluidos los de Oswaldo, el solitario, ni una paja se hizo en siete días de tanto que estudió.

Oswaldo no supo cómo pasó, ni cuando pasó, ni de quién fue la idea, pero lo que sí sabía era que ese profesor Mentado se traía algo entre manos, esa calva brillante se había maquinado una movida maestra, poco silenciosa, pero sutil como cada una de las movidas que son tan obvias que nadie las ve. ¿De dónde salen esos hombres como Argenis Mentado? ¿Llevarlos a reparación fue parte de su plan? ¿Necesitaba tiempo para conseguir lo que quería?

El clima era tenso, pero alegre, algo había sucedido y Oswaldo creía saber qué, era una fiesta silenciosa, una celebración odiosa la que tenían sus once compañeros, ¿era eso justo? Once mentes en formación volverían a quedarse vacías, once jóvenes continuarían su camino sin haber cumplido con las exigencias que aparecen en el papel, porque es muy diferente lo que aparece en los planes de estudio, es muy diferente la amistad que tenían Mentado y el coordinador académico, el sistema no funciona, señores.


Todo sucedió durante la entrega de los exámenes de reparación. Oswaldo se lo dijo bien claro al profesor Argenis Mentado. No se pudo aguantar.

-Muchachos, ustedes sí creen en dios, puro 16 y 18, me reventaron ese examen, aunque admito que estaba mantequilla, me ganaron una, me ganaron, muchachos, felicitaciones.

Todos sonrieron de manera  cómplice.

-Ya son bachilleres, mis hijos de dios, pero no se alejen del camino que Jesús nos dibujó, apéguense al estudio y solo así conocerán la verdad - les aconsejó

Todos permanecieron en silencio. 

Una voz lo rompió.

-Oiga, profesor - era la voz de Oswaldo
-¡Oh! eres tú, oswaldito, es que nunca hablas
-¿Usted cree en dios?
-¿Qué clase de pregunta es esa? - se mostró muy ofendido - no se ponga a jugar conmigo, muchacho
-Respóndame
-Claro que creo en dios, muchachito necio, por eso fuiste el peor de la clase
-Mi doce fue mío, y nunca será mejor que un 16 o un 18 comprado

Todos lo miraron con rabia.

-¿Qué dices? - El profesor Mentado lo miró fijamente, como analizando cada pequeña línea de expresión de su cara inocente
-Yo solo digo que mi doce es una nota honesta, señor
-¿Y las demás qué son?
-Eso lo debería saber usted
-Y claro que lo sé, carajito abusador... - Oswaldo lo interrumpió
-¿Dios se acuesta con menores de edad? 

Un silencio sorpresivo se adueñó del interior del aula.

-Ahora sí que me has ofendido, ¡carajito de mierda! – Exclamó el profesor Argenis Mentado muy molesto
-¿usted cree en dios? – volvió a preguntar muy tranquilamente Oswaldo

El profesor Mentado marchó a paso firme hacia el puesto de Oswaldo.

-¿Dios acepta botellas de whisky para pasarle materias a sus alumnos? – Dijo cínicamente el muchacho solitario

El profesor Mentado llegó al puesto de Oswaldo.

-Señor...- Se miraron fijamente - Usted es un mentiroso, usted no cree en dios; usted, señor, fomenta la mediocridad. Usted es una mierda.

Y así el sistema había sido desenmascarado, el profesor Mentado era una figura más, un corrupto más, un agente destructivo de esos que como parásitos invaden un cuerpo, un aula en este caso, infectando a lo más preciado que tiene una sociedad, sus jóvenes. Doce mentes en formación estuvieron bajo su tutela, ¿Qué aprendieron?

En un deseo profundo, Oswaldo deseó que las botellitas que le habían regalado los futbolistas, las lesbianas y la parejita del salón al profe, le dieran diarrea y que las cuatro putitas le hubiesen contagiado gonorrea a ese hombre sucio que se escondía detrás de las palabras sagradas que recogía de uno de los libros más importantes del mundo, no hace falta decir cuál es.


"Las botellas de whisky deberían ser más caras, así pasar de año escolar se haría más difícil para algunos estudiantes".

“En un acto de valentía todos debemos afrontar aquellos problemas que consideramos importantes, pero primero ¿qué es realmente importante para ti?”

L.F. Arias


Una Tarde en el Bachillerato (como 6 años han pasado)