Surf en SD

Surf en SD
La vida está en el camino.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Compleción

La vida está compuesta por dos cosas fundamentales:
Tiempo y experiencias.
Las segundas aparecen siguiendo un libreto,
ocupando nuestro tiempo y llenando nuestra memoria.

Llega el momento de actuar,
y nos acobardamos.
La vida no se detiene,
por lo que después caemos arrepentidos.

Yo deseo irme esta noche a la cama con un recuerdo,
el de tu torso desnudo y el sabor a miel de tus labios.
Porque así me lo imagino,
dulce como el triunfo.

Deseo cerrar mis ojos oscuros
para recordarte sonrojada,
sentir a gusto la textura sedosa de tu cabello
sobre mi pecho expuesto
cuando de un movimiento a otro
me entregues la ilusión de la compleción.


Compleción
Quiero contemplarte entera,
dejar los complejos a un lado
para, tal cual aventurero,
explorar un cuerpo que me ha sido ajeno
durante todo este largo tiempo.

Me voy a deleitar con el aroma de tu piel,
con tus tímidos gemidos
y el tacto de tus pies
al rozar mis batatas.

Ya no quiero dejar pasar una nueva oportunidad,
ha sido suficiente cobardía,
y por ella ahora me encuentro acá,
posiblemente demasiado tarde.

No voy a mentirte,
deseo cavar profundo en nuestra amistad,
que las barreras sociales se caigan,
para encontrarte como realmente eres.

Deseo la experiencia de tu calor,
la de tu mirada clavada en mi boca.
Tu cuerpo sudando sin pudor,
deseo ser merecedor de tal placer.

Anhelo tu confianza.
Entregarme a la vez que tú lo haces.
Olvidar el tabú que viene adherido a la amistad,
la intimidad no romperá el hilo que nos une.

Hoy quiero actuar,
quiero llevarme tu recuerdo a la cama.
Quiero recordarte para toda la vida
sin barreras, sin excusas.
Solo tú y yo entrelazados
sin pensar en otra cosa más que
en lo que habíamos dejado pasar.

La vida es tiempo y experiencias,
deseos que llenan la memoria
y tentaciones que prometen satisfacción.

La vida eres tú, también la vida soy yo.
No la dejemos incompleta.

lunes, 26 de octubre de 2015

¿Todavía soñarás conmigo?

A veces llega el momento de decir adiós. Un adiós rotundo, no un acostumbrado “hasta luego”. Es natural encontrarnos siempre con una despedida que no deseamos, porque nada parece ser eterno y el anhelado “para siempre” resulta ser una ilusión que, tal cual una amputación, duele cuando te cortan y se agudiza cada vez que apreciamos el vacío en donde eso que estaba ya no estará más.

En ocasiones, no alcanza el tiempo para demostrar lo que sentimos. Las noches se hacen cortas y los días se extinguen como un fuego naciente, uno que prematuramente desaparece a la vista. Es algo normal el silencio, cuando nuestra lengua solo se mueve mientras nuestros labios están sellados, no salen las palabras y nuestros pechos se convierten de pronto en cajas fuertes; en bombas de tiempo que algún  día estallarán en llanto nostálgico mientras vemos partir el tren desde lados opuestos de la ventana.


Ha ocurrido que los ojos no ven aun estando abiertos. Las siluetas danzan en el exterior, pero no hay rostros ni sonrisas. No queremos ver, para poder dudar de las situaciones. La duda nos da el margen de error que necesitamos para morir en la agonía de un suspiro, y morir nos gusta. Morir es un placer hasta que la flor se marchita y la belleza de sus pétalos desaparece.


A veces nos ahogamos en un mar de infelicidad. Nunca nos enseñan a nadar. Nunca nadie cree en la inundación sino hasta que se encuentra sepultado bajo el agua. Las emociones se desbordan y el amor se transforma en rencor y éste en cariño, la luz pasa a ser oscuridad y después nos ilumina la comprensión. Todo lo bueno se vuelve malo y después se transforma en algo más. Todo en nuestro mundo está propenso a derrumbarse, pero no significa que no podamos volver a levantarlo cuando pase el temblor.

Alguna que otra vez hablamos de finales felices, ¿Cómo podemos hablar de finales así? Lo bueno nunca debería terminar, lo bueno debería durar por siempre, ¿Por siempre? Eso es una ilusión. Esa es la raíz del problema, sabemos que el partido dura noventa minutos, pero siempre queremos llegar hasta los penaltis, jugamos al empate, al cero a cero. Yo nunca he visto un final feliz después de una definición por penaltis. Yo nunca he sido feliz con algo que se termina, porque si era capaz de transmitir felicidad, si se sentía bien, entonces nunca debió terminar. 

Siempre alguien sufre. Es la crueldad que mueve al mundo, son las cuatro ruedas del carrito que nos transporta del nacimiento a la muerte. Los caminos se tuercen para mí. El destino ya no está a la vista y de nuevo comprendo la cruda realidad: “A veces deja de ser a veces y siempre deja de ser siempre, cuando las líneas del tiempo se cruzan y tú y yo nos quedamos atrapados en medio del colapso de nuestras creencias”.

Continuamente espero la sentencia con los ojos cerrados y los oídos atentos. Sentir como el filo del hacha corta el viento que transita por el espacio que separa al arma del verdugo de mi cuello me genera una poderosa excitación. Me genera un miedo que carcome mis entrañas. Me quedo esperando por ti, sabiendo que tú ya has estado esperando por mí. Estamos en el mismo sitio, pero ya no nos vemos. Es así como sé que la brisa en el andén ha aumentado porque el tren se acerca. Es así como tu sonrisa lejana se pierde entre la multitud y el “por siempre” se apaga.



Por momentos no me encuentro ni yo mismo, para luego reencontrarme viendo como meneas la mano derecha desde el otro lado de la ventana mientras el tren se aleja. Sueño con un mundo sin despedidas. Sueño despierto con conciliar el sueño y que en ese sueño aparezcas tú y el “por siempre” vuelva a encenderse para siempre.

Sucede seguido que sueño contigo. Sueño conque cogemos nuestras maletas y marchamos hacía el horizonte juntos. Sueño con una vida en la que el final nos agarrará viejos y satisfechos. Sueño contigo vistiendo trajes de baño enteros y sombreros anchos que cubran la delicada piel de tu rostro del sol caribeño. Sueño conmigo soñando contigo y que tú sueñas conmigo. Te sueño despierto. Anhelo tus labios y de pronto me sorprendo temiendo que algún de ellos escuche un “adiós”. 



De nuevo me descubro con miedo.

Pasan muchas cosas, pero ninguna es rutinaria, salvo el hecho de que siempre eres protagonista en las diferentes películas que mi viciosa menta crea, produce y dirige para mi entretenimiento.

Ven conmigo y olvidemos mis letras, mis palabras, mis miedos y mis sinsentidos. Acompáñame en la tarea de borrar todo esto que he expresado y dame inspiración para iniciar un nuevo párrafo feliz. Porque si bien tú no dependes de mí y yo no dependo de ti, eres la chispa que me enciende y la somnolencia capaz de hacer que en un abrir y cerrar de ojos, el conductor del tren que se desplaza lejos del andén en el que te despides de mí se duerma y mi viaje termine con repetidos giros trágicos y una explosión. Y Cuando las historias terminan con fuego, después de un tiempo solo quedan cenizas para recordar lo que fue.

El andén se ha quedado atrás. Parece que hemos perdido. Se apagan las luces. Todo termina y las palabras que te dije se las ha llevado el viento. Podríamos dar por hecho que la belleza del “por siempre” se marchitó. Podríamos darlo por hecho porque tú has decidido quedarte allá y yo he decidido estar acá. Porque mientras uno de los dos vuela, el otro quiere caminar. Porque el agua nos llega hasta el cuello y mientras uno nada al norte, el otro nada al sur. Pero no lo quiero dar por hecho.

Soñaré con tu recuerdo hasta la próxima estación, y si todavía sigo vivo, haré lo mismo hasta que las estaciones terminen y el tren de vuelta en la dirección en la cual meneabas tu mano a manera de despedida. Porque me rehúso a aceptarte lejos, puedo decir en conclusión que a veces no creo en las despedidas. Solo una incógnita queda en el aire, una variable "Y", un hilo suelto que muta en una simple interrogación: “¿Todavía soñarás conmigo?”. Me gusta pensar que a veces lo haces. 



lunes, 6 de abril de 2015

Estoy Aquí

     La frustración ha llegado metida en una caja forrada en papel de regalo; papel estampado con sonrisas hipócritas, globos y gorritos rojos y amarillos. El obsequio inesperado del fracaso. La ilusión de una victoria vacía, derrota moral conseguida con arañazos y gritos ásperos a los cuatro vientos. La música me embriaga lentamente, todo se transforma en oscuridad porque las luces que permanecen encendidas  están viciadas… porque ya correr no tiene sentido. Caminar es lo único que me queda.
     "El fracaso es un estado de ánimo" dicen quienes desean nuestro bienestar emocional, afirman que no existe y niegan que alguna vez lo hayan sentido. El agua les llega hasta el cuello. Un rinoceronte blanco inicia una estampida en sus salas de estar y el ruido les interrumpe el audio de sus comedias televisivas favoritas. Suben el volumen al máximo. Ellos escuchan solo lo que quieren escuchar y pretenden enseñarnos “la manera”, más bien “su manera” de entender una vida llena de trampas diseñadas por los titiriteros de la élite social.
     El descontento de sentirme el ganador con derecho de algo que me merezco, pero por supuesto, si es que no me han enseñado nunca a ganar; es por eso que corro al lado de los perdedores para darles palmadas en sus espaldas y hacerlos sentir mejor. He estado allí tantas veces que ya comienzo a creerme la realidad de que muy posiblemente las victorias no llegarán muy a menudo. Es una paradoja eterna, sí… la de ganar y aun sentirme como si mereciera haber perdido.
     La derrota es para mí el regocijo cobarde que inunda mi corazón todas las noches antes de caer inconsciente. La cobija es demasiado corta para protegerme de las debilidades de mi mente, el frío se mete por las plantas de mis pies y termina haciendo corto circuito con mis ideas confusas. Sueño con espejos reflejando mis ojos oscuros. Sueño muy poco, pero cuando lo hago crujen mis muelan, rechino mis dientes por el estrés. Sufriré un colapso antes de que alguien pueda evitarlo. Sufriré al partir antes de que alguien lo note porque soy silencioso al abandonar las habitaciones.
     El baile llega a mí cuando están por quebrarse mis rodillas. Nadie está cerca para evitar la estruendosa caída, pues todos están allí para verme chocar la nariz contra el suelo de concreto. El baile llega al ritmo de la percusión, tiemblo en el aire porque estoy saltando. Salto cada vez más alto mientras pienso en las mujeres que creí  haber amado; y en las que no. Sacudo mi cabeza cobardemente cuando me descubro a mí mismo con miedo a admitirlo, con temor a gritarlo. Caigo y de nuevo estoy solo.
     La música ruge, el público clama por mi intervención. Es habitual, es habitual que sea el hablador de la fiesta. Es recurrente… sonreír, coquetear, beber y perder los estribos. El bajo me hace sentir el sismo debajo de mis pies descalzos, sigo en cama… ¿en cuál cama? Son ya las 3:00 a.m. y la guitarra anuncia una entrada. Soy yo. Es ella. Es su silueta desplazándose lentamente hacia mí. Es mi lengua hinchándose por la excitación. ¿Estoy en el cielo? No.
     El engaño es la ilusión que me hace pretender que todo transcurre como debiera. Es la voz que me guía de vuelta a una realidad que amo tanto como la detesto, es el calor que de pronto se siente frío mientras transpiro por motivo de una asfixiante desesperación. ¿Quién soy?  Un hombre joven en pleno tránsito esquivando los carros de carreras; las banderas a cuadros. Soy la voz que se quiebra por motivo del placer que en ocasiones me resulta ajeno, porque estoy tan habituado a rendirme que me cuesta asumirlo como mío. Me cuesta aceptar ese regalo que me da ella. De allí a que ella susurre, apriete sus labios, rasguñe mi pecho y se aburra tras tan solo 15 segundos de mi abrumadora insatisfacción. Me cansa, me angustia, me decepciona esta perpetua insatisfacción.
     ¿Dónde estoy? Quiero creer que en donde debería estar, pero detrás de ese deseo insulso yo sé que no es así. Ahora ya sale a la luz esa verdad. ¿Qué se supone que debo hacer? Nadie debe ayudarme a responder esa pregunta. Lo repito: Me aburre, me angustia, me decepciona esta perpetua insatisfacción. Me enferma esta situación.

martes, 3 de febrero de 2015

Sonriente

La sonrisa que funciona como muralla, a veces se rompe, y cuando eso sucede me escondo. No vale la pena extenderse demasiado en una explicación, que bien puede realizarse de una manera bastante sencilla; si ya no se puede sonreír cuando las cosas no están saliendo bien, es entonces mejor retirarse a planificar una mejor estrategia. No necesariamente se podría asumir que huyo de los problemas, por el contrario, decido enfrentarlos por mi cuenta, como un vaquero.

Son seis las balas que carga mi revólver, algunas cuantas libras de peso. Nada para un brazo derecho bien entrenado en las artes de subir y bajar la muñeca; eso sin mencionar a los dedos mallugados de tanto teclear a lo largo de la semana. Una correa gruesa de la cual cuelga la funda al más salvaje estilo del oeste antiguo. Botas imaginarias que no impiden que el frío del piso me congele los pies. Estoy listo para el duelo, estoy listo para que me disparen, pues soy increíble en lo que respecta a esquivar balas enemigas.

Imagínenme sentado en una silla azul de esas que suben y bajan frente a un monitor de computador usando medias rotas en los talones y un short de jean al cual se le baja solo el cierre. Imagínenme disfrutando de fotos del pasado. Surge de pronto ese sentimiento de nostalgia al ver tantos rostros sonriendo a mi lado. Imaginen que yo empiezo a extrañarlos. Háganse una imagen mental de un rostro pintado de negro que no sonríe. Ejerciten sus capacidades imaginativas, ese rostro tenía una razón para estar tan serio.

La hipocresía del ambiente laboral enferma, es realmente infecciosa y termina ocasionándome vómitos aun cuando ya ella se ha quedado atrás. Pienso entonces, ¿será que fui yo? Sí, por supuesto que fui yo, pero eso no es lo importante. Sucede que ya el ciclo había terminado y más de uno quería dispararme por la espalda. Pido disculpas por tener una personalidad tan marcada, pido disculpas por ser tan peculiar, también aprovecho para mandarlos al carajo. No a todos, por supuesto que no, solo a un par de personajes que ahora describiré para continuar con nuestros ejercicios de creatividad.

Vamos a referirnos al villano número 1. Asumamos que su nombre es Macónri, una serpiente de lengua afilada. Muy bien, esta bestia disfruta de pasarse las tardes reptando por los callejones del pueblo en busca de víctimas a las cuales infectar con su veneno multicolor. Macónri, adora las camisetas ajustadas y te adula constantemente. Lo que no sabía Macónri es que mi arma estaba lista, lo que no sabía Macónri es que yo iba a partir antes de sufrir una picadura mortal. Lo que todavía no sabe Macónri es que no importa que tan rápido repte, se arrastre o nade, no podrá alcanzarme.

Vamos a referirnos a una víctima de la serpiente de camisetas ajustadas, alias Macónri; tenemos a Jazmín, una vaquera rebelde y de atrevidos pantalones de jean. Jazmín, pobre, dispara sin saber porqué, se contonea esperando adulaciones y respeto, mientras que el veneno de la hipocresía le corrompe cada Padre Nuestro matutino. Mandíbula de acero, le rechinan las muelas postizas y me apunta. Dispara a matar.

La sonrisa que funciona como muralla es más que un escudo, es un arma, es un engaño. Es la sombra que me cubre durante los días soleados, es la puerta secreta que nadie ha abierto. Es la carta que sirve para fundamentar mi truco antes de cantar una mano de póker ganadora. ¡A chupar se pueden ir! Hoy no será el día de mi muerte. La locura que corre por mis venas me mantiene vivo, me permite gozar de cada instante de la manera que cada uno merece ser gozado.

Imagínenme sentado en una silla de acero. Estoy usando unos pantalones azules y si gustan, imaginen algunos pelos de gato pegados en el área de los bolsillos. Eso es culpa de Alicia, mi compañera felina. Imaginen que uso una camisa blanca de rayas finas azules y una corbata oscura. Así me vestí el 15 de julio. Mis cabellos rizados se agitaron por la brisa y me lo disfruté. Fue una mañana tensa, ya no quería estar allí, pero tocaba continuar. Esa tarde conocí a un hombre que me ofreció la oportunidad de escapar y afrontar nuevos retos. Serían meses para descubrir que no tenía sentido permanecer atrapado, para armarme de valor y asumir que el final estaba cerca.

La historia avanzaba hasta el día 30 de octubre, cuando el rostro amargado me miraba fijamente a los ojos, cuando esa maldita serpiente fingía permanecer sumisa cuando ya sabía que la tormenta venía. Se movieron las ramas de los árboles y fui arrastrado por un tsunami. La trampa me la hicieron a mí. Pero resultaba ser que eso no me molestaba, resultaba ser que cada vez que me asfixiaba bajo el agua me sentía más libre. Tras morir esa parte de mí que quería ver muerta pude finalmente librarme de tantas emociones negativas. No podría explicarlo en palabras sin terminar armándome con un bate y yendo a partir unos cuantos rostros a la calle, lo que terminaría conmigo dentro de una celda compartida con unos 40 reclusos porque estamos en el tercer mundo.

No tiene sentido recordar las pesadillas. Ni que me entusiasmara asustarme de nuevo. Ya he despertado y me siento como un león, no como el eliminado equipo de béisbol, sino como la bestia que despedaza a sus víctimas bajo el abrazador calor africano. Hoy me siento feliz por el lugar en el que me encuentro. Hoy me siento contento con las personas que todavía permanecen en mi manada. Hoy solo he recordado a Macónri y a Jazmín por viejas fotos que todavía poseo porque soy un idiota acumulador de recuerdos.

Hoy veo mi sonrisa en algunas de estas fotos y se vienen a mi cabeza tantos recuerdos. Hoy me veo ahí parado al lado de algunas personas con las cuales no debí haber cometido el error de posar. Pero así soy yo; disfruto haciendo cosas incomprensibles. Yo sabía que algún día iba a mirar al pasado para recordar y me iba a gozar ese momento, porque ya estaría en el camino correcto mientras que las demás hormigas continuarían levantando las migajas. Allí está su rostro, en sus ojos se esconde la emoción de saber que me había quitado del medio y en los míos se nota claramente que aquella era una ansiada despedida.

Imagínenme ahora sonriente, rascándome la cabeza y pasando foto tras foto, sintiéndome como un vaquero esquivando balas. Sintiéndome como un león devorando a sus presas, sintiéndome satisfecho. Imaginen que todas mis seis balas dibujaron la silueta de Jazmín en un muro detrás de ella. Se le cayó la mandíbula y soltó su arma. Ambos viviremos para contarlo. Ambos somos ganadores esta noche.

Allí lo tienen, puede que me vean sonriendo, pero no saben que dentro de mi cabeza están pasando muchas cosas. Pero no saben si de hecho estamos acá conociéndonos mejor gracias a una lectura amena. Nadie lo sabe, quizá ya la vida haya terminado. Nadie sabe qué es lo que está pasando y eso es lo que lo hace divertido, eso es lo que hace que este tiempo que invierten de hecho ha sido de provecho y eso no es lo importante. Lo importante es que crean que así fue. Lo que cierra esta cantidad soberbia de cháchara es la idea central de que deben siempre confiar en que se encuentran en el camino correcto, porque solo con fe se llega a la tierra prometida, así se encuentre ésta en el medio del mar, en la cima de una montaña, entre un par de hermosas piernas o incluso se encuentre este lugar debajo de sus almohadas. A lo mejor solo lo encuentran en sus sueños.


Lo mejor es lo que pasa, mis amigos.


L.F. Arias (11-2014)

lunes, 22 de diciembre de 2014

Familia

      Sucede de pronto que el sonido de la puerta al cerrarse de golpe se hace más fuerte, más y  más fuerte mientras me alejo de casa; podría esto ser ocasiona debido a que ya duele la distancia que crece a cada paso y me separa de mi familia. Sucede de pronto que las sombras se apoderan de mi camino al trabajo, todo se torna más y más oscuro; podría ser esto posible  debido a que comienza a sentirse la nostalgia que crece a cada paso y me aprieta el corazón.

     A veces en la vida los caminos se dividen y enormes bosques frondosos y verdes surgen del suelo creando una enorme separación, un muro natural impenetrable. A veces en la vida toca tomar decisiones importantes, toca separarnos de todo aquello que siempre ha estado allí aun cuando no nos tomáramos la molestia de darle importancia.

     La familia es el núcleo social que nos nutre como personas, a veces lo hace bien y a veces mal. Es nuestro primer grupo de amigos, algunos nos caen bien y otros no tanto; pero como buenos, y fieles, amigos siempre están allí para reírse de nuestros tropiezos y animarnos a ponernos de pie. La familia es esa manada de la cual nadie se separa cuando es temporada de caza; es una llamada cuando sale la luna y todavía no retornamos al hogar, es una sonrisa de domingo viendo la televisión y un grito de alegría tras una victoria en un juego de mesa. Esa es la familia, la que nunca te abandona ni en las buenas ni en las malas.

     Ocurre que las sirenas de los carros se hacen mudas y el smog de sus tubos de escape no molesta a mi nariz; podría esto ser posible porque he comenzado a extrañarlos. Ocurre que las agujas de mi reloj se mueven lento y los minutos no quieren avanzar; podría ser esto posible debido a que los días sin ellos son eternos y, de hecho, ellos ya no están.

     Algunas veces en la vida toca dejarlo todo atrás, ropas, fotografías y maneras de pensar; absolutamente todo. En algunas ocasiones los nuevos destinos simplemente se aparecen y nos obligan a decidir, nos prometen placeres que tan solo parecían posibles en nuestros sueños, nos prometen mujeres, u hombres, con quienes ni se nos cruzó por nuestras cabezas que podrían acompañarnos. Los nuevos destinos… desconocidos finales.

     La familia es la alegría que baña nuestros días; son esas personas que desean nuestro éxito, así lo hagan en secreto, y celebran con nosotros al final de la semana. Son las reuniones anuales y todas las historias por contar en tales eventos, son los brindis y los bailes, incluso la navidad. La familia es la garra necesaria con la cual afrontamos nuestros miedos, es esa energía que nos impulsa desde las gradas cuando parece que finalmente no lo vamos a lograr. Esa es la familia, la que nunca te abandona ni en las buenas ni  en las malas.

      Hoy el sol no brilla como siempre, la brisa tampoco refresca; podría ser porque la fecha ha llegado, la fecha temida por una persona con sentimientos encontrados. Esta mañana los perros no ladraron alegres y el agua de la ducha se sintió fría; podría esto haber sido ocasionado debido a que el destino llegó y ellos se han marchado. Hoy me he quedado solo, así como tantas veces deseé erróneamente; hoy me sentí solitario en la mesa y sin apetito mastiqué un simplón desayuno mientras recordaba el último abrazo dado antes de dejarlos partir.

     La familia es esa que se extraña a cada segundo cuando no están en casa, es esa a la que se espera a cada minuto cuando todavía no llegan, es esa  a la que uno quiere aun cuando provoque matarlos, porque es que no se puede negar que a veces no parecemos pertenecer al mismo equipo. Así se define a la familia, como la solución del problema, como el amor que llena y la meta que se persigue desde el primer momento, desde la primera sonrisa, el primer abrazo y la primera vez que escuchamos un “te quiero”.

     Los días ahora son largos, son caminos solitarios con destinos desconocidos. Esto es así, sin duda, debido a que ya los quiero de vuelta y ellos apenas se acaban de marchar.


     Hasta pronto.

De principio a fin con ustedes.

jueves, 12 de junio de 2014

Una Flor

     Acá estamos, es el momento en el que nos encontramos en el final del camino, un camino que se divide, que nos divide. Me encuentro con mis manos ocupadas, una sostiene una flor y la otra una roca; roca de la cual me desprenderé en tan solo un abrir y cerrar de ojos, una roca que cargo sin saber realmente por qué. Mi mirada estudia tus gestos, los dos sabemos que no quieres partir, pero que estoy en la obligación de no interponerme, porque sería cruel el forzar tu permanencia en un estadio que ya se ha hecho muy pequeño, en el cual ya has brillado todo lo que tenías que brillar, y en el cual yo no he sido digno merecedor de tu gloria.

     Sí, acá estamos, compartiendo unos minutos que se alargan demasiado, tú detestas las despedidas de borrachos y yo detesto la idea de resignarme con esta derrota. Tú tan bella y yo tan, tan, y yo tan miserable. Soy tu admirador aunque cuando llega el momento de abrazarnos no dure mucho porque me das demasiado calor.

     Es así como de pronto compartimos una cama individual, con sonrisas infantiles e intenciones un poco más adultas; así como te endulcé el oído tantas veces para encontrarnos de pronto en medio de una ardiente pasión; vaya noches aquellas en las que te dejaba doliendo las piernas y pidiendo repetición, vaya noches de fiesta, en las cuales el manso ganso se convertía en un halcón, en las que el lobo se descubría de su piel de oveja inocente y cenaba cual glotón. Vaya noches que ahora lucen lejanas, vaya noches, mi amor.

     Suelto la roca resignado, hoy me encuentro con que soy el perdedor, el perdedor de siempre que se reencuentra con su destino, el destino de perderte. Vaya días se vienen, días de desolación; días en los que la vida me maltratará, así será, no tendré ángel que me proteja, no estarás tú; no, no estarás tú.

     Ya caminas, ya te alejas, ya disfrutas de tu libertad, y es que te mantuve presa, sumisa, vivías a mi voluntad; y no estaba bien, nunca podría haber estado bien, porque no naciste para  esto. Duele finalmente admitir que tu partida es lo más sano para los dos, es la salida que tanto hemos buscado, es el milagroso resultado del capullo que se abre, eres tú, un bello ángel de alas grandes. Eres tú, y tu partida es nuestra salvación.

     Ya volteas a mirarme, es una agridulce sensación. Saber que es correcto lo que hacemos aún cuando uno de los dos no esté satisfecho; pero tendríamos que pensar en qué podría satisfacernos a los dos, no hay tal cosa, no es posible, porque siempre tiene que haber un perdedor, y el perdedor no se lleva a casa un trofeo, se lleva en cambio una flor, una flor que se marchita, a la cual no la salva ni el sol. Una flor cuyos pétalos se arrugan muy rápido, me genera mucha desesperación, el saber que cuando muera, tu recuerdo se borrará, tu risa muda se volverá, tu tacto… será como si nunca pasó, y así entonces nuestro amor, nuestro amor caerá en el olvido, porque no podría vivir el resto de mis días con un corazón roto.

     Con tu nombre he bautizado a esta flor. Arrancaré uno a uno sus pétalos de camino a casa, mi amor, para que cuando llegue todo sea como cuando todavía no existías. Porque siendo un hombre incompleto puedo vivir pretendiendo que nunca gocé de la fortuna de encontrarte, de encontrar a mi otra mitad; puedo vivir engañado, ignorante. Pero vivir recordándote, no, mi Dios, no puedo. Prefiero ir desprendiendo estos  pétalos, rogando que sean impares, para empezar con un te quiero y terminar igual. Siento como la brisa me arroja un beso que se escurre por mi mejilla izquierda y sigue su camino hasta alojarse en las sombras que hacen vida en mi pecho. Te siento sin conocerte, soñando tontamente con encontrarte, ilusionado con la vida que alguna vez cruzará mi camino con el tuyo para que entonces podamos volverlo a intentar; tú sabiendo que soy un idiota y yo teniendo nuevas oportunidades de abrazarte hasta que mi corazón se derrita con el calor que emana tu piel blanca durante los días calurosos.

     Primer pétalo cae, así siguen los demás, cada uno agranda el misterio, espero sepas adónde vas, porque si mi plan llega a puerto de mi no te vas a escapar, porque esta flor, ya ha muerto y el reloj ha comenzado a andar.

     Ahora solo tengo un sueño, es el sueño de poderla encontrar. Mi Flor amada, así se llamaría ella, tendría mejillas coloradas y una silueta discreta que luciría cada tarde al borde de mi cama. Flor se llamaría ella, si la pudiese encontrar, mi vida sería bella, y nunca, nunca, nunca, la podría olvidar.

    ¡Pero mira, si hay 7 pétalos en el suelo! Espero que el que haya jugado con ellos haya iniciado con un te quiero, en ese caso no habría otro final, no habría un final más hermoso, no hay sentimiento más sublime que ese que se produce bajo la ilusión del amor. No hay batalla que no se pueda librar si uno la tiene a ella; Flor se llamaría ella, si la pudiese algún día encontrar, no sería más un hombre incompleto, yo nunca, nunca, nunca, la dejaría escapar; sería mi amor eterno, y con eterno me refiero a que no tendría final. Me encuentro perdido en un camino que se me hace familiar, quizá si sigo el sendero en el que se encuentra esa roca el destino me pueda premiar.

     No tengo nada que perder, sin embargo tengo mucho por avanzar. Voy sin miedo, a mi Flor voy a encontrar.



     ¿Ustedes creen en las segundas oportunidades?


viernes, 16 de mayo de 2014

Despidiendo a una Amiga

Como un ardor muy fuerte, como una abertura en el medio de mi esternón, como una esperanza que se quiebra poco a poco contra los muros de una petición indecorosa; así se siente estar sentado frente a ella en estos momentos. Mis ojos encuentran los suyos y no puedo evitar este sentimiento de culpa que me posee, que se me monta sobre los hombros y me hunde; siento vergüenza por esto, he caído en una trampa social, soy una víctima que de un minuto a otro pasará a ser victimario.

Soy un rostro escondido entre las sombras de una capucha, un cascarón vacío, una cría sin poder que sigue el mandato de la mayoría; soy un cachorro que corre hacia la jauría aun cuando no quiere pertenecer a ella. Mis ojos estudian su rostro y ella ni se lo imagina, solo sonríe nerviosa esperando recibir alguna palabra que la aliente a continuar con sus labores, pero hoy no es la tarde, hoy no es la tarde.

Mis venas se hinchan, estoy molesto; y cómo no estarlo sabiendo que soy una casa vacía, una fruta verde. Si tan solo ella pudiera utilizar sus ojos azules para mirar todo lo que estoy sintiendo dentro de mí, si tan solo ella pudiera leerme como un libro, o si pudiese ser el lapicero que escribió esas sugerencias penosas en mí, en la libreta, en la hoja de reciclaje de turno. Soy el viento cuando llega a una esquina y no se encuentra a sí mismo. Soy un suspiro que alivia y después se pierde en la inmensidad del espacio.

Mis manos tiemblan debajo de la mesa, aprieto mis rodillas para conseguir un poco de confort, pero no lo encuentro, porque soy un reo que intenta escapar, pero al que han descubierto y ahora castigan con golpes y patadas al hígado. Soy un toro que salta a la arena sabiendo que va a morir; no, es peor aún, soy un maldito torero desenvainando su espada cobarde y ella, mi amiga, es la víctima por la que corean un montón de viejas morbosas desde las gradas.

Ven a mí, dame una fuerte estocada que alivie mi pesar y me dé una excusa para huir en los brazos de los payasos. No lo harás, no lo harás, amiga, estás muerta sin saberlo y yo muero por saber. Yo muero con cada gota de sudor que rueda por mi pecho y se ve absorbida por mi camisa de cuadros azules y blancos que tú, mi amiga, acabas de alabar. Es la suerte del que ignora que el asesino lo asecha desde su escondite.

Una sonrisa suya me estrella de frente a una sensación muy poderosa de frustración, su chaleco color turquesa luce impecable, está vestida para recibir las buenas nuevas y yo soy el juez que no tiene nada bueno para decir. Un silencio incómodo aparece luego de escucharla preguntarme: ¿Hay algo que me tengas que decir?, sí, amiga, y respiro hondo, respiro buscando que ya mis pulmones no puedan recibir más aire, me ponga azul, y me asfixie… soy el torero, tengo un 90% de posibilidades de salir ileso; soy un buen torero.

Ya lo he dicho, he caído en la trampa social, mi querida amiga, parecía estar escrito que no durarías muchos minutos en estos lares, perecía decretado que la sombra de tu predecesor opacaría tu destino y es por eso que hoy debo pedirte que te vayas, porque a pesar de que te estimo, porque a pesar de que te he llegado a querer, amiga, la multitud reclama tu sacrificio para saciar su sed de odio, de maldad; para sentir que ellos y solo ellos tienen la razón en esta contienda. Así que ha llegado la hora de decir adiós, de abrazarnos y hacernos una promesa, prometernos que nos volveremos a encontrar en un futuro cercano.


Estás despedida, querida amiga, mis mejores deseos para ti.